Inútilmente dotados

Me costó mucho, bastante, elegir el texto para esta reflexión de hoy. No eran tantas las opciones, pero sí el criterio a usar. Se supone que un devocional es algo con lo que Dios te habla (que primeramente tiene que hablarme a mí), así que tengo que enfocarme en que sea de bendición para vos.
Al verlo de esa manera, se supone también que va a ser una palabra de ánimo, aliento, exhortación tal vez, pero que te lleva a un cambio positivo, a tomar una decisión, a fomentar o incrementar tu relación con Dios.

Pero más allá de todo eso, un devocional es lo que Dios te habla y yo te comparto lo que Dios me habla. Es cierto, esto que te voy a hablar no te va a ser de ánimo o aliento, tal vez ni siquiera de exhortación. Al principio te va a sonar algo “técnico”, académico, teológico capaz… pero en realidad, es para aplicación personal.

La iglesia “pentecostal” hizo todo un culto alrededor de la glosolalia (¡faaaa…¿y eso?) Perdón, el “hablar en lenguas” o “don de lenguas”.

Se ha llegado a decir —lo escuché y tuve que callar— que si no “hablás en lenguas”, el espíritu de Dios no está obrando en vos, no se lo estás permitiendo y, por lo tanto, no fuiste transformado.
Que si no “ratateás” (esa es mía), casi ni siquiera estás convertido, sino que solamente “convencido”.

Que si te cuesta orar, te cuesta leer la Biblia, te cuesta congregar… es síntoma de la falta del Espíritu, ¡y por eso no hablás en lenguas! (Conocí algunos que hablaban lenguas celestiales que… mamita…)

En 1 Corintios 14, Pablo no se guarda nada. Me parece que ya viene un poquito harto de los corintios creídos y arrogantes, y se dedica a “ordenar” algunas cuestiones que hacen a la iglesia. Justamente se lo llama 1 Corintios 14 como “el capítulo del orden”.

Parece que estos hacían más alarde de hablar en lenguas que de ser cristianos. Parece, porque yo no estaba, que casi competían entre ellos a ver a quién se lo escuchaba más o quién hablaba más raro.

¿Te parece loco? Yo viví una experiencia similar, no con lenguas, sino con danza. Había un “bailarín profético” (¿y eso?) en la iglesia, que en los momentos de ministración salía al altar a girar y girar y girar…

Hasta que lo veía el otro. Sí, había dos “bailarines proféticos”. Entonces se ponían al lado a girar… girar… girar… a ver cuál captaba mayor atención.

No. Los dones no son para eso. Ni la danza (que no sé qué tan don es), ni las lenguas, y por las dudas… ningún otro. Los dones son “para la edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:12), por lo tanto todo lo que se haga que involucre dones debe ser “para edificación” (1 Corintios 14:26). ¿Y qué pasa con las lenguas? ¿No edifican a la iglesia acaso? Esteeee… no.

“El que habla en lengua extraña, se edifica a sí mismo…” (1 Corintios 14:4).

Los dones no son para edificación personal, pero el don de lenguas es para edificación personal… ¡salvo que haya quien interprete y así toda la iglesia es edificada! (v. 5)

Por eso, en el verso 5, Pablo remata diciendo: “Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas, pero más quisiera que profetizaran; porque profetizar es más importante que hablar en lenguas…”
Profetizar es más importante que hablar en lenguas… hace un par de décadas te hubiera dicho: ¡catarata de chanes!

En su tercer acepción para ‘profetizar’, la RAE dice: “explicar la palabra o los juicios de Dios”.
El significado ‘neotestamentario’ (otro faaaa…) de ‘profetizar’ es “edificar, exhortar y consolar a la iglesia”.
Etimológicamente (¡cómo estamos hoy!) ‘profetizar’ está directamente ligado al acto de hablar. La profecía del Nuevo Testamento y de la iglesia es: “hablar lo que creo”, para que eso que creo suceda (2 Corintios 4:13).

Y acá viene la aplicación personal, tu parte en este juego, tu responsabilidad. Parafraseando 2 Corintios 14:5, Pablo dice: “Quisiera que todos ustedes profeticen”. Así que, iglesia… ¡a profetizar!

Empezá a declarar lo que Dios te habla. A anunciar lo que Dios va a hacer.
Hacé que las cosas pasen, hablando lo que Dios habla.
Creé lo que Dios dice, creé lo que Dios te dice, hablá lo que Dios te dice, para que las cosas se hagan realidad.
No te ates a lo que ves, atate a lo que creés.
No te limites por lo que ves o no ves, empoderate por lo que creés que Dios va a hacer.

Hablar en lenguas puede ser de bendición personal, pero lo que realmente transforma, edifica y bendice a la iglesia es que vos te animes a profetizar: hablar lo que Dios habla, declarar lo que Dios te dice, levantar la voz para traer vida, fe, esperanza y transformación.

Abrí tu boca, creé lo que Dios te dice y hablalo con fe, porque cuando la iglesia habla… ¡la iglesia activa el motor del cielo!

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