Edificación

Ayer usé este versículo. Era de la lectura de hoy, pero redondeaba el tema del cual te hablé ayer: hay cosas que son más importantes que otras y, en lo ministerial, no hay nada más importante que la edificación.

Podríamos entrar en la vieja discusión evangélica de los supuestos cinco ministerios (supuestos… no son cinco). Podemos usar el ejemplo de los dedos de la mano y entonces inventar que el tercero es el que sobresale y es más importante. Podríamos también usar el ejemplo de David con Goliat, que algunos creen que esas “cinco piedras lisas” (1 Samuel 17:40) aluden a esos, otra vez supuestos, cinco ministerios (Efesios 4:11).

Es como el cuento de los profesionales y el mar, ¿lo conocés?

“Un grupo de hombres caminaba junto a la orilla del mar. Al llegar a un punto alto, se detuvieron a contemplar la inmensidad de las aguas. Cada uno habló según lo que llevaba en su corazón y en su oficio.
El arquitecto exclamó: —¡Cuánto terreno desperdiciado! Aquí podrían levantarse edificios magníficos.
El agricultor comentó: —Toda esta extensión, y sin un solo lugar para sembrar. ¡Cuánta tierra improductiva!
El comerciante calculó en voz alta: —Si pudiéramos abrir un puerto, ¡cuántas ganancias podríamos obtener!
El político suspiró: —Necesitamos un ente regulador.
El poeta sonrió y murmuró: —¡Qué belleza majestuosa! Cada ola canta un verso nuevo.
El pescador señaló con ilusión: —Para mí, este mar es pan en la mesa y sustento para mi familia.”

Cada uno mira lo que le conviene, busca su beneficio y cree ser más importante que los demás. ¿Qué es más importante? ¿El apóstol, el profeta, el evangelista, el pastor y maestro? Ninguno de ellos, sino la obra de Dios, y la obra de Dios se enfoca en la gente.

¿Por qué murió Jesús? “Porque de tal manera amó Dios al mundo…” (Juan 3:16).

Sí, tal vez te cueste creerlo, pero lo más importante es la gente.

Siempre digo que la iglesia tiene un “carácter formativo”. Que no podemos ignorar esa función y solamente quedarnos en el evento, en el culto, en la alabanza, el evangelismo o la intercesión. ¿Estoy diciendo que eso no importa? ¡Para nada! Te diría que es vital, fundamental, amo estar ahí.

Pero todo debe hacerse “para la edificación” (1 Corintios 14:26).

Ayer te decía que los dones son “para la edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:12), que también corresponde a la lectura de hoy, y que choca un poco con el “hablar en lenguas”, porque si el don de lenguas no se usa de la manera correcta termina siendo para edificación personal (1 Corintios 14:4).

Pero 14:26 ya no se limita a los dones, sino “…cuando ustedes se reúnan,… todo deben hacerlo para la edificación.”

No deja mucho lugar a especulaciones, ¿no? “Todo” para edificación.
¿Qué queda fuera de “todo”? ¡Nada! ¿Qué debe usarse para edificación? ¡Todo!

¿Qué estás haciendo, en tu relación con Dios y con la iglesia, que sea para edificación?
¿Qué estás haciendo en tu adoración que sea para edificación?
¿Cómo te estás relacionando con los creyentes para que sea de edificación?
¿Qué ejemplo o camino estás mostrando a los no creyentes que sea de edificación?
¿Estás haciendo algo… “para edificación”?
¿¡No estás haciendo nada “para edificación”!?

“Por lo tanto, hermanos, cuando ustedes se reúnan, tal vez cada uno tenga un salmo, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lengua extraña, o una interpretación; pero todo deben hacerlo para la edificación.” (1 Corintios 14:26).

Dejar un comentario