De Tiempos y Etapas

Estoy entre Carlos Gardel y Mercedes Sosa. Gardel (bueno, en realidad Alfredo Le Pera) escribió ese tango de añoranzas melancólicas que dice: “¡que veinte años no es nada!…”, pero Mercedes cantaba (del cubano Arsenio Rodríguez y popularizada por Los Panchos): “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…”

¿20 años no es nada o nos vamos poniendo viejos?

Sabés que yo tengo una cuestión personal con el tema de la vejez. No la niego ni la rechazo, sino que creo que está demasiado sobrevalorada, dándole un poder que en realidad no tiene. Parodiando a algunos coachs, creo que “la vejez es un estado mental”.

Ahora pongámonos serios: la vejez es recontra real y es más… a partir de los 25 años empezás a envejecer. Hay células de tu cuerpo que a partir de ese momento dejan de reproducirse, y la muerte celular sin reproducción podría ser, en términos biológicos, una definición de vejez.

Suelo decir —y algunos se enojan— que “moriré anciano, pero viejo jamás”, porque acepto perfectamente el paso del tiempo y el deterioro que trae, pero me niego a considerarme algo en desuso, útil para el desecho y nada más.

Si me enfoco en lo neurológico, más a mi favor todavía. Dejemos de lado cuando haya alguna enfermedad preexistente o daño por otros motivos, pero la plasticidad del cerebro permite que, si te mantenés en actividad, siga regenerándose. Leí hace poco que estudiar un idioma atrasa 10 años los síntomas de la vejez y el deterioro cognitivo. Que estudiar, cualquier cosa, mantiene tu atención y concentración activas, ayuda a la lucidez y previene el Alzheimer.

Pero no se trata de buscar el elixir de la vida ni de convertirme en Dorian Gray, sino en tener siempre una buena calidad de vida y exprimir mi cerebro hasta el último minuto de mi existencia, porque una cosa es cierta: un día se te acaba la batería.

Acá entra Eclesiastés. Salomón, aunque algo perdido, era un tipo sabio. “Todo tiene su tiempo”, dice en 3:1, “y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Por eso es importante —es de sabios— aprovechar el tiempo que tenés, la etapa de tu vida en la que estés, dando lo mejor en cada etapa: no vivir fuera de tu momento, no esperar para mañana, no vivir de experiencias pasadas ni querer parecer lo que ya no sos (¡chupines a los 50… andaaaa!).

¿Viste qué ridículos son los que se siguen vistiendo como si tuvieran 20, 30 o 40 años menos? Anoche vi en un programa de TV a un desubicado temporal. Cincuenta años, y se comportaba como uno de 20. ¿Qué parecía? Sí, eso…

Dice Job (sí, seguimos con Job), en 20:11 —en realidad habla Zofar, uno del trío maléfico—: “Aunque ahora sea un hombre lleno de vigor, en la tumba quedará convertido en polvo.”

Mercedes tenía razón, y Gardel también: el tiempo pasa, 20 años no es nada, nos vamos poniendo viejos.

No descanses en tus fuerzas de hoy: usalas hoy. No pienses que estarán para siempre, porque van a desaparecer. No las derroches en lo que no edifica, no suma, no bendice. Enfocate en estudiar, desarrollarte, crecer, progresar… servir a Dios. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, ni quieras seguir mañana con lo que debías hacer hoy.

¿Querés otra de Eclesiastés?

“Alégrate, joven, en tu juventud; deja que tu corazón disfrute de la adolescencia.
Sigue los impulsos de tu corazón y responde al estímulo de tus ojos,
pero toma en cuenta que Dios te juzgará por todo esto.”
(Eclesiastés 11:9)

“Todo tiene su tiempo…”

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