De Caminos y Decisiones
¡Uh! Hoy quedé noqueado. Definitivamente, “el evangelio es una confrontación constante”.
La cosa arrancó temprano, en ese momento de relax despabilante de mates y reels. Escucho a un predicador que dice: “¿Por qué el cristiano siempre espera que Dios le muestre qué hacer? ¡¿Acaso no te dio cerebro?!” Eso me llevó a pensar inmediatamente en Hebreos 5:14, que dice: “el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”
Así que asentí, sonreí, y pensé en esos casos de dependencia ministerial, donde si no hay alguien que te imponga la mano, donde no hay una dirección profética o no orás para saber si vas a la derecha o a la izquierda… no avanzan.
¡Cuántas veces, cuántos años planteando este punto! Charlas, debates, discusiones… y no siempre tuve éxito. Me han dicho “poco espiritual” y cosas peores… (“¿vos creés en Dios?”).
Pero te dije que la cosa apenas empezó ahí. Siguió. Unos mates más y, ya metido en la lectura del día, seguimos todavía con Job. Ya pasé Proverbios, donde casi me quedo con 27:19 para el devocional… pero… pero Job.
Ahora sí es Job. Ya está molesto con el trío maléfico. No se los está aguantando. ¿Por qué los soporta? ¿Será que, como David, interpreta que también es parte del trato de Dios? (2 Samuel 16:12).
¿Sería aceptación, resignación, culpa tal vez, a pesar de proclamar inocencia?
¿Estaría dudando si era inocente o culpable?
El punto es que, cuestionando la autoproclamada “sabiduría” del trío, les dice: “Si el Todopoderoso sabe todo lo que pasa, ¿por qué sus seguidores nunca saben cómo actuar?” (Job 24:1).
¡Uuuuhhh! Ya escucho la frenada. “Quemando gomas”, se diría en mi adolescencia. “Parada de carro”, también.
El evangelio es una confrontación constante. ¡Lindo sopapo matutino!
Estamos de acuerdo en que Dios nos guía, ¿ok? Dios nos guía. Entonces… ¿por qué a veces (¿a veces?) no sabemos qué hacer?
Recuerdo a Josafat diciendo justamente: “no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12). Pero eso no significa que debamos vivir en la ignorancia.
¿Cuántas veces andamos a la deriva sin saber qué hacer?
¿Cuántas veces nos estancamos por no saber qué decisión tomar?
¿Cuántas veces (hasta ahora) ignoramos que Dios tiene —y por lo tanto nosotros tenemos— la respuesta?
Seguramente alguna de esas veces después dijiste: “si hubiera…”, o peor, “¡yo sabía!”.
Sí, sabías. Sí, tenías la respuesta.
Si el Espíritu de Dios está en vos (Romanos 8:9,11) y si tenés relación con Él; si tus sentidos están entrenados en el entendimiento del bien y del mal (Hebreos 5:14); si lo reconocés al Señor en todos tus caminos (Proverbios 3:6)… tus planes serán afirmados.
¿Qué decís? ¿Qué cómo sabés? ¿Cómo evitás equivocarte?
- Práctica en conocer la voz de Dios (Juan 10:27).
- La primera voz del silbo apacible era lo que Dios te hablaba (1 Reyes 19:12).
- Fe: certeza de lo que se espera… convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1).
