Percepciones

La historia de Job, que estamos terminando de leer hoy, gira en torno al error. Días pasados hablamos acerca de las cuestiones doctrinales, pero no me refiero a eso. Es un tema de “percepciones“, de entendimiento, de ser conscientes del lugar que uno tiene y, por sobre todo, de cómo y quién es Dios.

Tal vez el “quién es Dios” sea algo demasiado fuerte y profundo. Tampoco estoy hablando de nombres y atributos, sino de su esencia en cuanto a la relación con nosotros. Sí, sorprendete, Dios quiere estar relacionado con vos y mucho, o todo lo que hizo, fue solamente para ese fin.

Si lo analizamos desde la creación, Efesios dice que “nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos” (Efesios 1:5). A Moisés, Jeremías y Ezequiel les dijo (lo que Pablo después rescata): “Yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16).

Si lo vemos desde la redención, el amor hizo que Jesús viniera y muriera (Juan 3:16), ese mismo amor que define la esencia de Dios (1 Juan 4:8).

Si lo miramos desde la santidad, no fue un obstáculo, porque nuestra miseria no fue un impedimento para organizar semejante plan de rescate espiritual, ya que el amor estaba por encima, y por lo tanto: “Siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

El legalismo y la oscuridad de la religiosidad han hecho que tengamos una mirada distinta acerca de Dios. En algún momento se plantó la idea de que Dios estaba enojado con la humanidad por haber tenido que entregar a su Hijo (¿para qué lo entregó entonces?) y que ese enojo se transmitió a Jesús por haberse visto expuesto a una muerte cruel. Entonces, sería necesario acercarnos a él por medio de María, ya que Jesús no le negaría nada a su madre.

Una teología bastante retorcida, si la mirás objetivamente, y que se opone a la revelación bíblica del Nuevo Testamento, que claramente dice que Jesús es el único camino (Juan 14:6) y el único “mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5). No. Dios no está enojado con la humanidad ni la rechaza, sino que está indignado por la manipulación diabólica que perturba el corazón del hombre.

Por eso digo que la historia de Job gira en torno al error. Si bien el tema es el sufrimiento y la resiliencia, es totalmente relevante el poco conocimiento acerca de Dios que tenían los protagonistas.

Lo vemos en todos los “discursos” del trío (ahora cuarteto) maléfico. Se creían superiores y superados. Eliú, que se disfrazó de humilde, terminó siendo un soberbio peor que los otros tres. Es muy interesante el comentario de Dios:

“Estoy muy enojado contigo [Elifaz] y con tus amigos porque, a diferencia de Job, ustedes tienen un concepto erróneo de mí.” (Job 42:7)

Siempre dije que a Dios le interesa lo que se piense de él. Jesús mismo preguntó a los discípulos qué decía la gente acerca de él (Mateo 16:13). Eso es también una enseñanza para que tengamos en cuenta la opinión de la gente sobre nuestro testimonio y sobre lo que dejamos ver de Dios en nosotros. Después de todo… somos cartas leídas (2 Corintios 3:2-3).

La opinión distorsionada del cuarteto maléfico provocó molestia, enojo en Dios, porque según cómo lo veamos es lo que vamos a esperar de él, cómo nos vamos a relacionar con él y qué vamos a mostrar de él.

Pablo se sube a este tren cuando dice, en forma determinada: “…y aun si a Cristo lo conocimos desde el punto de vista humano, ya no lo conocemos así.” (2 Corintios 5:16). Es necesario, fundamental, cambiar la manera en que vemos a Dios y lo que pensamos acerca de él para poder interactuar en una forma correcta con él. Después de todo, es lo que él busca y desea, es por lo que nos seduce (Jeremías 20:7), y nada puede cambiar ese parecer. ¿No leíste alguna vez que “nada nos podrá separar del amor de Dios”? (Romanos 8:39).

Este fin de semana el Señor nos habló de esto, de cómo nos vemos y cómo lo vemos. No debe ser casualidad estar todavía en este punto.

Debemos cambiar la manera de pensar…
respecto de Dios,
…de nuestra posición delante de Dios,
…de nuestra relación con Dios,
…de lo que esperamos de Dios,
…de lo que mostramos, de cómo representamos a Dios,
…de lo que Dios espera de nosotros.

Termino con esto: hace mucho tiempo Dios me enseñó que mi capacidad de ver determina mi capacidad de alcanzar (Génesis 13:14-15). Por lo tanto, en el mismo sentido, tu capacidad de cómo ves a Dios determina cuánto de Dios vas a experimentar; tu capacidad de cómo te ves delante de Dios determina cuánto de Dios vas a recibir y cuánto de Dios vas a mostrar.

¿Qué idea tenés, qué pensás, cómo lo ves a Dios?
¿Cómo te pensás y te ves vos delante de Dios?

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