Hoy se me complicó. Hubiera querido evitar los pasajes que hablan del dinero en un día de dedicación de primicias, pero el tema me rodea. No solamente Proverbios, sino que parece que se puso de acuerdo con Eclesiastés. Es un tema mío, lo sé, pero no me gusta dar pie para que alguien piense que es a propósito.
Sí, ya sé… no hace falta que lo digas. A esta altura, que cada uno piense lo que quiere… pero es un tema personal. ¿Te confieso algo? ¿Querés un secreto (o un chisme)? ¿Qué te gustan más, los secretos o los chismes? Te cuento: me pongo muy incómodo cuando tengo que hablar de dinero. Creo que todavía necesito ser sanado en esa área.
Pero, como te digo, parece que es un complot bíblico-espiritual ligado al calendario. Tengo que hablar de dinero.
Eclesiastés 5:10 nos deja una advertencia. Sí, ya sé que es muy fácil hablar desde la opulencia, y Salomón estaba lleno de plata. Pero eso no inhabilita esta verdad. Es más, también Proverbios da la misma enseñanza. En 11:28 dice: “El que confía en sus riquezas, fracasará…” y en 23:5: “Te fijas en las riquezas, pero pronto desaparecen; no hay duda de que les salen alas, y como águilas se remontan al cielo.” Se me ocurre pensar que Salomón habla desde la experiencia, justamente porque tenía mucho dinero.
Jesús mismo hace un comentario parecido. En Mateo 6:19 dice: “No acumulen para sí tesoros en la tierra…” y en 6:24: “Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.” Es un tema complejo que está a lo largo de toda la Biblia. Es más, ¿te digo algo más? Es el segundo tema en relevancia en la Biblia. El primero es la relación Dios-hombre y el plan de salvación. El segundo es este, y el tercero es acerca de las relaciones interpersonales, lo que también incluye el sexo. ¡Sí! (alerta religiosos) la Biblia habla de sexo.
Casi me olvido que estamos hablando de Eclesiastés. 5:10 dice: “Quien ama el dinero, jamás tiene suficiente. Quien ama las riquezas, nunca recibe bastante. ¡Y también esto es vanidad!” El punto está ahí, en “amar el dinero y las riquezas”. Pablo lo dijo bien clarito: “El amor al dinero es raíz de toda clase de males…” (1 Timoteo 6:10). El problema no está en el dinero, sino en cómo nos relacionamos con el dinero. El problema no radica en tener plata, sino en qué hacemos, cómo actuamos y qué sentimos por la plata.
¡Y qué real lo que dice Eclesiastés! Si sos ambicioso, nunca te alcanza; si amás el dinero, nunca es suficiente. Me hizo acordar (vos no lo vas a conocer) a Rico McPato, el tío del Pato Donald, que era multimillonario y super tacaño al mismo tiempo, por causa del amor al dinero.
Hablando de ricos, ¿te acordás del “joven rico”? Perdió bendición, salvación y vida eterna por ser tan agarrado de la plata. Jesús lo confrontó (el evangelio es una confrontación constante) y le dijo: “Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Marcos 10:21). Pero él “…se desanimó y se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Marcos 10:22). Por eso Santiago termina confrontando a los ricos (lo que, mal interpretado, se traduce en que Dios condena a los ricos): “Ahora escuchen, ustedes los ricos: ¡lloren a gritos por las calamidades que les vienen encima!” (Santiago 5:1).
El mismo Eclesiastés nos da la clave para salir de este problema. No te olvides que, a pesar de los desvíos, es un libro de sabiduría. En 5:19 dice: “A cada uno de nosotros Dios nos ha dado riquezas y bienes, y también nos ha dado el derecho de consumirlas. Tomar nuestra parte y disfrutar de nuestro trabajo es un don de Dios.” Todo lo que tenemos viene de Dios. Él nos da la capacidad y la sabiduría para hacer riquezas (Deuteronomio 8:18). Nos enseña también a ser buenos administradores para no caer en la pobreza y nos da las herramientas para ser prosperados.
Me gusta que dice que tenemos “el derecho de consumirlas” (las riquezas). Pero también me gusta que dice que “Tomar nuestra parte y disfrutar de nuestro trabajo es un don de Dios.”
Si dice “Tomar nuestra parte” es porque hay una parte que no es nuestra. Ahí está la clave. Dios nos da las riquezas, Dios nos da la capacidad, Dios nos da la sabiduría… pero esas riquezas no son nuestras, son de Dios. Yo aprendí a ser desprendido con Dios cuando entendí este concepto. Cuando le doy a Dios, no le estoy dando, sino que me estoy quedando con la mayor parte de lo que Él puso en mis manos. Cuando diezmo, no le estoy dando de lo mío… sino que me quedo con el 90% de lo que Él puso a mi disposición para que yo haga lo que quiera con eso.
Pero tomo mi parte. Lo que no es mío, se lo devuelvo a Dios.
¿Y para qué me da si le tengo que devolver?
¿Y por qué no me da el 90% y listo?
Porque tendría que decirte lo mismo respecto a la santidad, la obediencia, el pecado y la oración: ¿Para qué te manda orar si ya sabe lo que necesitás? ¿Por qué no te lo da y listo? ¿Para qué te habla de santidad si tenemos la inclinación a pecar? ¡¿Por qué no nos cambia y listo?!
Porque todo tiene que salir voluntariamente de mi corazón:
Sigo a Dios por mi decisión.
Evito la tentación, por mi decisión y mi conveniencia.
Le pido mostrando mi dependencia.
Le doy demostrando mi adoración y que no soy esclavo de lo que Él me dio.
¿Cómo te estás manejando con Dios en relación a las finanzas?
¿Cómo actuás delante del dinero?
¿Sos esclavo del dinero o su amo?
¿Le das a Dios su parte? ¿Tomás solo lo que es tuyo?
Parece que pudiera escucharte… “¡Pero si le doy, me quedo sin lo mío…” Sí, alguna vez pensé así. No te quedes sin lo tuyo. Dale a Dios lo suyo.
“…—dijo Jesús—, denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21).
“A los ricos de este siglo mándales que no sean altivos, ni pongan su esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).
