Unos dicen que no todos tienen las mismas oportunidades, otros dicen que, al contrario, las oportunidades están delante de todos.
Muchas veces hay alguna ideología detrás de estas afirmaciones. Creo, sinceramente, que las dos se equivocan y las dos son ciertas; creo, repito, que tiene más que ver con una cuestión de visión y actitud que con aptitud y oportunidades.
Es cierto que no todos tienen acceso a los mismos recursos. Es cierto que a algunos se les hace mucho más difícil estudiar, emprender, progresar que a otros.
Pero también es cierto que muchos, con mayores posibilidades, las desperdician, y muchos otros, sin tener ninguna, se desarrollan y se superan.
Vuelvo a decir: visión y actitud.
Ya te dije dos veces que Eclesiastés anda por caminos debatibles. Pero también que es considerado un libro de sabiduría. Una cosa hay que reconocerle: dejando de lado algunos puntos cuestionables desde la doctrina cristiana, el autor muestra la sabiduría de la experiencia, la de haber andado… esa sabiduría que le atribuimos al abuelo (¡ojo que no es garantía, eh!), esas frases simples, cortas pero profundas que no se aprenden en la universidad sino con el correr de los años y lo que los años traen.
A eso se refiere en 9:11 cuando dice que “no son los más veloces los que ganan la carrera, ni son los más fuertes los que ganan la guerra…”. En el mismo sentido agrega: “los sabios no tienen qué comer, quien es inteligente no es necesariamente rico, y quien tiene conocimientos no siempre es favorecido.”
¿Otra vez? No es cuestión de oportunidades, del acceso a los recursos, del nivel socioeconómico o de qué estudios tenga, sino de visión y actitud.
Pero lo que me parece más importante es el verso anterior. Es una advertencia, un llamado de atención. Al mismo tiempo… una confrontación (¿sabías que el evangelio es una confrontación constante?).
“Todo lo que te venga a la mano hacer, hazlo según tus fuerzas. En el sepulcro, que es adonde vas, no hay obras ni proyectos, ni conocimiento ni sabiduría.” (Eclesiastés 9:10)
Dejemos lo de “todo lo que te venga a la mano…” porque no todo hay que hacerlo. Hay cosas que tenés que dejar pasar, pero no por falta de oportunidad, sino justamente por la misma razón de la que te hablo: actitud y visión. Pero me quedo con esto: “…En el sepulcro, que es adonde vas, no hay obras ni proyectos, ni conocimiento ni sabiduría.”
Te lo digo con mis palabras, como lo entiendo y como me gusta: ¿qué vas a esperar para tomar la decisión o dar el paso que cambie tu vida? ¡Mirá que después de muerto estamos en otro plano y estas cosas ya no cuentan!
¿Vas a esperar que se alineen los planetas o que el sol se detenga? ¿Estás esperando que el viento te acompañe y la lluvia no aparezca? (casualmente también esta idea es de Eclesiastés).
No sé si tenés o no recursos a tu alcance.
Tampoco sé qué oportunidades se te presentaron y cuáles no.
Pero lo que sí sé es que las oportunidades van apareciendo a medida que te movés, con cada paso que das.
¿Tenés limitaciones? (¿Te cuento las mías?)
¿Te sirve de algo quejarte por lo que no podés?
Que tus limitaciones no te limiten, sino que te muestren cuáles son los obstáculos que tenés que voltear.

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