Detalles… ¿pequeños?

¡Cuánto hace que no leía este verso! Je… un año, obviamente. Viene bien, de tanto en tanto, refrescar conceptos y algunos temas interesantes que tal vez los vas dejando pasar.

Me suele pasar con los evangelios. Cada vez que vuelvo a leer el Sermón del Monte es como si fuera un cachetazo. Encima, como venís de leer todo el AT con guerras, genocidios, sacrificios y ley, estás un poquito… ¿endurecido? Tal vez la mejor definición sería “agresivo”. No, tampoco. No es para tanto. Ya sé: el Nuevo Testamento nos sumerge en un manto de gracia y misericordia.

“Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros…, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)

Entonces de repente te topás con Jesús mismo diciendo: “amá a tus enemigos” (Mateo 5:44), “no pidas que te devuelvan lo que prestaste” (Mateo 5:42), “poné la otra mejilla” (Mateo 5:39), y que él “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lucas 2:52), y sentís una frenada, como que Dios te dijera: “bajá un cambio”.

No son cosas para pasar por alto. En definitiva, el evangelio vino a poner blanco sobre negro y a poner luz sobre cosas que no se entendían bien o que solo eran simplemente para preparar el camino. La ley misma, dice Pablo, que actuó como una niñera para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24), o sea… que nos hizo ver nuestra condición y comprender la imposibilidad de cumplir los requisitos de la santidad y la perfección.

Por eso Jesús dijo (estoy simplificando mucho): “consumado es” (Juan 19:30), y Hebreos, hablando de él, dice que es el verdadero “sumo sacerdote” que puede presentarnos ante Dios, presentando al mismo tiempo la ofrenda y sacrificio por nuestro pecado (Hebreos 9:11-12).

Hay que prestar atención a los detalles. Recuerdo la declaración para el 2023 (que sigue vigente como base del trabajo): “El año de la excelencia” con los subtítulos: “Dios está en cada detalle. Los detalles son excelencia. Cuidá los detalles, ¡viví con excelencia!”

¡Está para ponerlo en ejecución!

Un pequeño detalle puede provocar un gran accidente. Una perforación menor a 1 mm de diámetro en una manguera de líquido de freno, por ejemplo, puede ocasionar una muerte. Un pequeño fusible, que no mide más de 10 mm, que falte o esté quemado, puede detener un mecanismo. Un pequeñísimo émbolo de grasa que tape un vaso en el cerebro puede provocar un ACV (¡largá el bacon!). Llegar un minuto antes o un minuto después a algún lugar puede hacer una gran diferencia.

Los detalles son importantes porque son los que agregan o quitan valor a las cosas. Cuando comprás (o solo mirás porque no podés comprar) artículos de primera marca o de alta gama, la diferencia con otros está… ¡en los detalles! Una terminación de costura, un retoque de pulido, el refinamiento en cromados, etc…. le agregan ese toque adicional por el que algunos eligen y prefieren pagar más.

¿Nunca notaste la diferencia entre zapatillas de marca y las truchas? (imitación de marcas de 2da o 3ra clase).

Casualmente esta noche vamos a hablar un poquito acerca de esto. No, de las zapatillas truchas no. De los detalles. De las pequeñeces que podemos obviar, pasar por alto o evitar. Realmente casual (o causal de Dios) porque cuando tuve la palabra para predicar no había leído aún la lectura de hoy.

Cantares 2:15 habla de detalles. Es un pequeño “detalle” en todo el relato. Un libro que a veces parece confuso, otras, desubicado. ¿Sabías que hubo una época en que estuvo prohibido?

“¡Atrapen esas zorras, atrápenlas! Aunque pequeñas, destruyen nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor.” (Cantares 2:15)

Ahora que presto atención al detalle (je…) recuerdo que en la lectura de ayer Eclesiastés también hacía mención a lo mismo: “El que hace el hoyo, en él se cae. Al que rompe el muro, la serpiente lo muerde.” (Eclesiastés 10:8). Claro, no habla lo mismo, pero si prestás atención también es lo mismo: si no prestás atención a los pequeños detalles… podés salir afectado, herido o aún… muerto.

Yo soy detallista. Muy detallista. Ya comenté esto algunas veces. Algunos me felicitan por esto mientras que otros me odian. Pero no soy necio: soy detallista en algunas cosas y totalmente negado en otras.

Hay cosas a las que no les presto atención. Algunas es bien a propósito, fue una decisión tomada. Pero hay otras que son solo descuidos, olvidos, distracciones, que traen sus consecuencias.

Tal vez una palabra, capaz un gesto, puede ser una acción o una omisión. Tal vez algo personal o algo de terceros. Cientos de cosas se me escapan y me hunden cuando las noto. Hay que prestar atención a los detalles.

¿Y por casa? ¿Cómo andamos? ¿Qué tan detallista sos?

Prestemos atención a esas pequeñeces que pueden arruinar un trabajo, una relación. Cuidemos los “vallados” y también los viñedos. Evitemos las zorras, grandes o pequeñas, y también las serpientes sigilosas.

Cada tanto habría que revisar, como cuando te hacés un chequeo general o cuando llevás el auto a revisión para salir a la ruta, si todo está en su lugar, si todo está previsto, si no hay grietas, huecos… o puertas o ventanas abiertas por donde puedan entrar… las moscas.

“Sambalat, Tobías, Guesén el árabe y el resto de nuestros enemigos se enteraron de que yo había reconstruido la muralla y se habían cerrado las brechas (aunque todavía no se habían puesto las puertas en su sitio). Entonces Sambalat y Guesén me enviaron este mensaje: «Tenemos que reunirnos contigo en alguna de las poblaciones del valle de Ono». En realidad, lo que planeaban era hacerme daño.” (Nehemías 6:1-2)

“Una mosca muerta apesta y echa a perder el buen perfume. Cuenta más la tontería más ligera que la sabiduría más respetable.” (Eclesiastés 10:1)

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