Chequeos

Viste que ayer hablamos acerca de aquellos enanos que se creen grandes. Esos que, la verdad, mejor dejarlos pasar y recordarlos solo como una anécdota o un ejemplo de lo que no se debe hacer. Isaías hablaba en forma profética refiriéndose a la nación de Israel, que se creían autosuficientes y no necesitaban ya de Dios. A ellos les decía: “¿Puede el hacha sentirse mayor que quien corta con ella? ¿Creerá la sierra que es más que el que la mueve? ¿Cómo podría el báculo levantar al que lo lleva?” (Isaías 10:15).
¡Cuántas veces nos ponemos en esa posición!

A veces es por pura ignorancia: la falta de entendimiento no te permite ver tu posición delante de Dios y la relación con Él. Otras veces es por un poquito de arrogancia… después de todo, ¡fuimos elegidos y llamados por Dios! Pero otras veces es solo rutina, costumbre, descuido o tal vez… abandono.

Esto no fue privativo de Isaías; vimos que Pablo lo menciona en varias ocasiones y no solo como una enseñanza a modo de discipulado de los nuevos creyentes, sino como ¡víctima! de las acusaciones y menosprecios de viejos creyentes y algunos ministros ya formados.

¿Te resulta extraño? El ser humano… amigo mío… nunca deja de ser humano a lo largo de los tiempos y épocas.

Hay un punto entendible: Pablo era un paracaidista. No, no practicaba paracaidismo (tampoco existían), sino que apareció casi de repente en la estructura de la iglesia, después de que la iglesia fuera establecida, después de que Jesús resucitara y ascendiera. Para muchos era un desubicado arrogante que pretendía una posición solo por haber tenido una experiencia espiritual. Él no se veía así. Íntimamente se sentía “un Job”, indigno, poca cosa:

“Yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (1 Corintios 15:9).

Le cuestionaban su ministerio. Le cuestionaban su respaldo. Le cuestionaban su autoridad y si Dios estaba con él. Digo: ¿es necesario preguntar eso? ¿Acaso no es que… “por los frutos los vas a conocer”? (Mateo 7:20).

Pablo responde. Lo hace como pastor. Con la autoridad que el mismo Cristo que lo confrontó, cegó, liberó y llamó le dio. Pablo no era ningún “pablito”, aunque en la tradición nos quedamos con que “era pequeño” (Hechos 13:9; el nombre Paulos en griego significa “pequeño” y su aspecto lo confirmaba, 2 Corintios 10:10) y no tenía pelos en la lengua:

“Examínense ustedes mismos y vean si permanecen en la fe; pónganse a prueba ustedes mismos.” (2 Corintios 13:5).

Es de sabio y prudente hacerse un chequeo anual. En este tiempo me está tocando el turno. Gracias a eso se pueden prevenir complicaciones y hasta evitar cosas graves. ¿Es molesto? Y sí. ¿Engorroso? Obviamente. Sacar turnos, esperar, lidiar con las obras sociales, las esperas, los análisis, los ayunos, los laboratorios… etc. Pero pueden salvarte la vida.

Un texto muy popular de la jerga evangélica dice: “el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12), o David que va más profundo y le pide al Señor: “Examíname, oh Dios, y ve si hay en mí camino de perversidad” (Salmos 139:23-24).

Hay que hacerse chequeos espirituales.
Hay que “examinarse para ver si permanecemos en la fe”.

Puede pasar que te hayas relajado.
Puede pasar que te hayas descuidado.
Puede pasar que la rutina evangélica haya alterado tus valores, tal vez tus principios, capaz aún tus prioridades.
Puede ser que te hayas convertido en un evangélico y olvidado de ser cristiano.

Todo eso lo vas a detectar, “examinando tu fe”.

¿Qué estás creyendo?
¿A qué le estás creyendo?
¿Podés fundamentar tu respuesta?

¿Qué cosas forman tu pensamiento?
¿Cuáles son tus fuentes?
¿Qué muestran tus decisiones y acciones sobre eso?

¿Cuáles son tus prioridades?
¿Qué lugar tienen en tu vida el propósito de Dios?
¿Cuánta importancia le das al llamado de Dios y a su obra?

“Examínense ustedes mismos y vean si permanecen en la fe; pónganse a prueba ustedes mismos. ¿O acaso ustedes mismos no se conocen? ¿Acaso no saben que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que no hayan pasado la prueba!”
(2 Corintios 13:5).

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