En Punto

Es un poco obvio y hasta cae de maduro. Hay cosas que ya están más que sobreentendidas y seguramente hay mejores textos en la Biblia para referirse a ellas. Pero como siempre digo: un devocional no es doctrina ni seminario teológico, es lo que Dios me habló: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1).

Ya hablamos de eso hace poco y en más de una ocasión: Dios tiene un gran planner donde cada cosa tiene su momento de aplicación, de ejecución, de aparición.

No. No creo en la predestinación ni en el fatalismo, pero no puedo dejar de ver a Dios como el gran arquitecto, o mejor aún, ingeniero y físico cuántico que un día estornudó y activó el big bang que dio origen a todo lo creado (Génesis 1:1) y que continúa en una expansión constante.

Como dije, no creo en la predestinación, pero en lo que hace al plan de Dios, las cosas tienen su momento de ejecución.

Nabucodonosor tuvo un sueño que le quitó el sueño (Daniel 2:1). Daniel tuvo que salir al rescate porque el rey estaba entrando en pánico (Daniel 2:16). Y la interpretación que tuvo Daniel de ese sueño fue un calendario profético, mostrando las cosas que iban a pasar en distintas épocas (Daniel 2:31–45).

Dios tiene un plan, sigue controlando los eventos proféticos aunque no se mete en cuestiones mínimas e irrelevantes. No, lo lamento, no tiene la pareja perfecta diseñada para vos… No, tampoco, no hay un ángel asignado a tu cuidado para dirigir tus pasos. Sí, es cierto, ‘nuestro tiempo está en sus manos’ (Salmos 31:15), y Él conoce cada cosa… pero ni las dirige ni determina.

La clave está en qué lugar ocupamos en su plan. Qué importancia le damos o, como dije días atrás, si respondimos y de qué manera a su invitación a ser parte. Porque Dios no hace diferencias ni entre creyentes ni entre hijos, pero sí se relaciona distinto con quienes están o no participando de su plan. A ver… ¡es obvio! Te movés de otra manera con los integrantes de tu equipo de trabajo…

Mirá Romanos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Siempre decimos: “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, pero no es “a los que aman a Dios” así sin más, sino “a los que aman a Dios… los que son llamados conforme a su propósito”. Dios tiene un plan y propósito con tu vida, fuiste llamado para ocupar un lugar y ser una pieza en ese plan. En ese contexto… “todas las cosas te ayudan a bien”.

Dios hace las cosas a su manera y en el momento señalado: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

Uno capaz pensaría que “el hijo de un dios” debería llegar con un cortejo militar y toques de trompeta. Que habría una gran alfombra roja descendiendo del trono de este dios por la cual doce caballos blancos acompañan la carroza en la que llega el vástago heredero (¿mucho Disney?). Pero no: vino según la costumbre natural, por medio de un embarazo y bajo la autoridad humana, incluso, la dominación imperial.

Pero vino. En el momento apropiado.

¿Qué estás esperando? ¿Qué te está faltando? ¿Qué estás necesitando?
¿Te sentís desmayar? ¿Creés que ya no va a llegar? ¿Pensaste bajar los brazos? ¿Los bajaste ya?

Involucrate en las cosas de Dios.
Sé la pieza que Él busca para el cumplimiento de su plan.
Ocupate de las cosas que a Dios le interesan.

Y esperá el tiempo oportuno, porque “cuando sea el cumplimiento”, la respuesta llegará.

“Quien cuida la higuera comerá su fruto, y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra” (Proverbios 27:18).

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