¡Input, Input!

Creo que alguna vez hice esta comparación, pero me viene a la memoria una escena de la película Cortocircuito (de 1986) donde un robot que estaba por ser desmantelado recibe una descarga eléctrica y “cobra vida” autónoma.

La escena específica de la que hablo es cuando entra a una casa desesperado por incorporar información: agarra libros de una biblioteca y, a la velocidad con la que hoy nos sorprende ChatGPT, los lee completos, los tira a un costado y sigue gritando: “¡Input, input!” (un comando de la programación habitual de esa época, que literalmente significa “introducir, ingresar”). Quiere más… se deslumbra con la tele, aprende todos los gags de Los tres chiflados (y los repite). Su cerebro era, como se suele decir hablando de los chicos, una esponja que absorbía toda la info disponible a su alrededor, con la variante de que, cuanto más incorporaba, más quería, más buscaba (¿dopamina? ¿adicción?).

Así funciona nuestra mente. Dios nos dotó de ciertos “conectores” con el mundo que nos rodea para interactuar con él y, al mismo tiempo, aprender de él. Son los cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto, que nos enseñan cómo son las cosas y guardan esa información en nuestra base de datos (el cerebro).
Lo mencioné hace unos días: la prueba y error sigue siendo el mejor método de aprendizaje, y así, cuando, por ejemplo, tocás algo muy caliente y te quema, ya sabés que “eso no se toca”.

Lo que escuchamos, lo que vemos, lo que tocamos, lo que gustamos… nos va informando y formando. Como le pasó a Número 5, que imitaba a Moe, Curly y Larry, así adquirimos formas, visión, pensamiento. Nuestro criterio se forma a partir de lo que recibimos por medio de estas antenas que tenemos, y de eso, lo que aceptamos e incorporamos forma nuestra estructura de razonamiento y personalidad.

Sí, suena raro, pero somos la consecuencia de la información que recibimos y aceptamos. ¿Pensás que las empresas gastarían millones en publicidad y estrategias de marketing si no fuera así?

Me gusta mucho lo relacionado a la comunicación. Alguna vez, en mi juventud, quise ser periodista. Me interesa todo lo relativo a la oratoria, así como las técnicas de comunicación verbal y no verbal.
Hay carreras que giran en torno a eso, cursos, charlas, etc. Me fascina enseñarlo y ver la puesta en acción. Es importante comunicar y hacerlo con efectividad: un mensaje recibido, una información aceptada, una visión o criterio incorporado, moldea, perfila y transforma una vida.

Somos la consecuencia de lo que incorporamos y, por esa misma razón, Dios nos manda ser tan cuidadosos con lo que determina nuestro criterio, pensamiento, ideología, visión.

Dice Proverbios 4:23: “Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida.” Y Proverbios 19:27: “Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría.”

Todo lo que escuchamos, todo lo que recibimos, todo lo que aceptamos, forma nuestro criterio.
Nuestro criterio es el arquitecto de nuestras decisiones.
Nuestras decisiones son el motor de nuestras acciones.
Nuestras acciones son el puente a nuestro destino.

Lo que sos, lo que querés ser, lo que anhelás, lo que querés alcanzar… está sujeto a con qué alimentás tu mente.
La ideología que tomes, la filosofía que adoptes, ¡incluso el movimiento político al que te sumes! determinan tu futuro.

Parafraseando a Salomón, repito: “Hijo… dejá de escuchar las enseñanzas que te desvían de los principios sabios” (Proverbios 19:27).
O, en palabras de Pablo: “Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza, hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados” (Efesios 4:14).
Eso, siempre y cuando estemos “unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo” (Efesios 4:13).

Elegí cuál de todos te toca más o con cuál te sentís más identificado, pero… cuidá lo que incorporás a tu mente, por medio de tus ojos, tus oídos, tus manos, tus labios… (el sabor dejémoslo de lado, aunque Eva dijo que el fruto “era bueno para comer, y que era agradable a los ojos”. — Génesis 3:6)

Dejar un comentario