Hombres

¿Me voy a meter en un lío? ¡Me voy a meter en un lío! Algunos dicen que me gusta sacudir el avispero, pero creo que simplemente es lo que Dios me da por hacer… confrontar, transgredir, despabilar.

Siempre fui bastante “rebeldón”. No soy fácil de aceptar reglas impuestas ni de vivir en la corrección política y el protocolo. Lo sé hacer, pero no es mi lugar. Cuando llegué a Cristo entendí que, cuando él te cambia, no te cambia, sino que saca lo que no va y ordena y perfecciona lo que él mismo ya había hecho en vos. ¿Vos pensás que Pedro se hubiera parado delante de cinco mil personas con un mensaje en contra de las enseñanzas oficiales si no fuera el mismo mandado e impulsivo que cometía errores? No. Dios usó eso, que él mismo puso en él, para usarlo como pensaba usarlo.

¿Por qué te estoy diciendo esto? No sé. Ah, sí… porque me voy a meter en un lío.

Supongo que en la época de Salomón no existía el estudio del ADN; por lo tanto, supongo que no se conocían los cromosomas X e Y. Quiero creer que las diferencias de género eran fácilmente reconocibles y que no se limitaban al largo del pelo, el tipo de túnica o la profesión que desarrollaran.

Supongo que tampoco era necesario el ritual del papado en el siglo XIII, donde, para evitar estafas, “revisaban” al recién ungido si tenía o no el aparato reproductor masculino. No, no… seguro que no. Era simple reconocer quién era hombre o mujer.

¿Entonces por qué esa frustración que muestra Proverbios 20:6?
“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”
Parece que había algunos hombres que no lo eran de verdad.

Antes de que hagas volar tu imaginación, no estoy hablando de homosexualidad ni travestismo, ambas prácticas existentes y rechazadas en la época, sino del comportamiento y actitud que se espera de un hombre.

¡Ja! “Que se espera de un hombre…” ¿Qué se espera de un hombre? Últimamente “hombre” es casi una mala palabra. A la actitud a la que la Biblia se refiere se la menciona hoy como “machismo heteropatriarcal”; a la postura de protector, proveedor y guía, hoy se le dice “masculinidad tóxica”; y un gran abanico de la sociedad pretende la “feminización del varón”: conectar con “el lado femenino”, convivir con su “energía femenina”; si no… cancelación total y absoluta.

Así que, yendo en contra de la cultura de cancelación del hombre, vuelvo: ¿Qué se espera de un hombre?
Lo que define al hombre es:

  • Responsabilidad
  • Determinación
  • Firmeza
  • Acción
  • Riesgo
  • Resiliencia
  • Proactividad
  • Productividad

Seguramente habrá otras cosas. Seguramente no estés de acuerdo en todo. Seguramente estarás en contra de algo.
Podría agregar: hacer lo que hay que hacer, enfrentar los peligros, mantener la palabra… y debe haber más.

¡Ay, mujer! En vez de cuestionar o criticar, ¿qué tal si te preguntás si encajás en ese molde?
Sí, porque te dije que no era una cuestión de género, sino de comportamiento y actitud.
No es algo que se limite a los varones de cromosoma XY, sino que aplica a todos: hombres y mujeres. Actuar “varonilmente” no es parecerse a un hombre, ni imitarlo o vestirse como tal.
Comportarse varonilmente tiene que ver con la responsabilidad… y todo lo demás.

¿Cómo actuás ante los problemas?
¿Cómo respondés a tus obligaciones?
¿Qué hacés cuando las cosas no salen como esperás?
¿Qué se dice, qué se piensa, qué se opina de vos?

“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?” (Proverbios 20:6)

No vivas de apariencias, comportate según lo que Dios espera de vos.

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