¿Para qué existo?

No es algo que solamente vas a escuchar de mi boca o “de mi pluma” (¿de mi teclado?). No es algo que solo se hable en la iglesia y, es más, no siempre se habla de esto en la iglesia. Desde la psicología hasta la neurociencia, desde el coaching ontológico hasta las terapias de autoayuda te dicen que tener una meta —algo que alcanzar, algo por hacer—; tener pertenencia, identidad; sentir que encajás, que estás siendo y haciendo algo relevante; que tu vida no va a pasar desapercibida… es la motivación suficiente para continuar, avanzar y “sentirte realizado”.

Lo vas a ver en películas, series y en todo tipo de literatura: Peter Parker quería vengar a su tío; eso lo convirtió en Spiderman. Macaulay Culkin, en Mi pobre angelito, quería atrapar a los ladrones y eso le quitó el miedo. Encontrar un propósito cambia tu vida y le da sentido.

¿Te preguntaste alguna vez: “¿para qué estoy?”
¿Cuántas veces te planteaste si lo que estás haciendo sirve para algo?
¿Cuestionaste la relación costo/resultado en el tiempo invertido en cosas… superficiales?
¿Te pasó alguna vez de ver que cambia tu ánimo y tus fuerzas son renovadas cuando encaraste un proyecto personal?

Eso es propósito.

Tengo que medir mi escritura porque este es un tema que me apasiona. ¿Será que mi propósito es hablar de propósito? ¿Será tal vez hacerte ver o encontrar el tuyo? Ya que estamos… ¿te preguntaste qué quiere Dios de vos?

Yo lo hice una vez, hace más de 30 años. No me habló de propósito, pero me dijo cosas que me marcaron. Dios tiene un plan con tu vida y no sos simplemente un accidente biológico. Dios te pensó, te planeó y te delineó. Es más, “te programó” con ciertas habilidades e intereses, gustos y formas que hacen al cumplimiento de tu propósito.

¿No lo hiciste? Ok. De todos modos, Dios te creó, rescató y llamó con un propósito. No te conformes con la idea tradicional de que fuiste creado “para la alabanza de la gloria de su nombre” (Efesios 1:12). Tampoco te quedes con la más —¿romántica?— de que fuiste creado por amor y para ser amado (1 Juan 4:19; Romanos 5:8). Fuiste creado para algo más contundente, determinado y eficiente:

Dice Isaías 42:6: “Yo soy el Señor. Yo te he llamado en el momento justo, y te sostendré por la mano; yo te protegeré, y tú serás mi pacto con el pueblo y una luz para las naciones.”
Tenés un propósito: Sos el pacto de Dios y la luz de Dios.
¿Cómo se hace para ser un pacto? Un pacto es un acuerdo, un contrato entre dos partes. Somos “cartas leídas” (2 Corintios 3:2–3), somos el pacto de Dios para que otros vean, lean y acepten. En palabras de Pablo: “embajadores de Cristo” (2 Corintios 5:20), rogando al mundo que se vuelva a Dios. Por eso también “somos luz” para mostrar el camino y despejar los obstáculos, para que se acerquen a Él.

Dice Isaías 43:7: “…a todos los que llevan mi nombre. Yo los he creado. Yo los formé y los hice para gloria mía.”
Tenés un propósito: Fuiste creado y formado para que, a través tuyo, los demás le den la gloria a Dios. Fuiste creado y formado para que Dios se enorgullezca de vos. Sos el reflejo de la luz de Dios y el que —como te dije antes— alumbra el camino para que otros lleguen a Él (Mateo 5:14–16).

Dice Isaías 43:10: “Ustedes son mis testigos. Son el siervo que yo escogí, para que ustedes me conozcan y crean y entiendan que yo soy el Señor. No ha habido ningún dios antes de mí, ni lo habrá después.”
Tenés un propósito: conocer a Dios y entender que es el único que tiene autoridad sobre tu vida. Que estando bajo su cobertura, no hay qué ni quién pueda tocarte.

Dice Efesios 2:10: “Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas.”
Tenés un propósito. Hacer las cosas que Dios ya dejó preparadas para vos. Solo basta tu disposición y acción. Él ya hizo todo, ya está el camino, ya está la posición; solo tenés que ser la llave que activa lo que Dios quiere hacer a través tuyo y en vos.

Y por último —pero ni más ni menos importante—, dice Isaías 43:1: “Así dice ahora el Señor, quien te creó y te formó: No temas, Jacob, porque yo te redimí; yo te di tu nombre, Israel, y tú me perteneces.”
Tenés un propósito: sos posesión de Dios.

¿Por qué a veces te sentís perdido?
¿Por qué pensás que no servís?
¿Por qué creés que no encajás?
¿Por qué buscás en la gente lo que Dios ya te dio y que solo en Él podés activar?

Sos pacto.
Sos luz.
Sos canalizador de Su gloria.
Sos lámpara.
Sos testigo.
Sos ejemplo.
Sos hacedor de buenas obras.
Sos posesión, sos pertenencia…

Tenés un propósito.

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