¡Cómo me gusta la carta a los Efesios! Exalta la figura de Cristo, la relación con la iglesia y el rol de la iglesia. Parece que los turcos (Éfeso está en Turquía) estaban en otro nivel en cuanto al entendimiento espiritual. A ellos Pablo no les habla de rudimentos, de dejar las peleas, de liderazgo… les habla de Cristo.
Efesios 3:17 es tajante en ese punto: “…que por la fe Cristo habite en sus corazones…”. No habla de Jesús, habla de Cristo. No, no es lo mismo, aunque son la misma persona. Cristo es la “investidura” de Jesús: es la función, el propósito, la unción, el poder. Cristo significa “ungido” y es la referencia profética al enviado de Dios para salvar. “Cristo” no es “el crucificado”, como algunos pretenden, sino “el enviado, el ungido, el capacitado” para hacer la obra que Dios le mandó hacer.
Una obra que, cuando entendemos qué y quién es “el Cristo”, se potencia, porque 3:20 dice que Dios “…es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. Una obra que supera lo que podemos imaginar, pedir o entender… porque Cristo fue revelado a nuestro corazón.
Eso fue lo que le pasó a Pedro, ¿te acordás? “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16), le dijo a Jesús cuando él preguntó quién creían ellos que era. Una respuesta que se ganó el premio mayor, cuando Jesús replica: “¡Bienaventurado sos!…” y cierra con cambio de nombre, transformación y autoridad, entregándole “las llaves del reino de los cielos” a la iglesia que iba a estar fundada sobre esa declaración (Mateo 16:17-19).
Esa es la clave (detrás de la revelación de Cristo): la iglesia. La iglesia no es solo una institución. La iglesia no es solo un edificio. La iglesia ¡no es el templo! Para todos aquellos rebeldones anticongregación que dicen “la iglesia soy yo, el edificio es el templo”, “no vamos a la iglesia, vamos al templo”, les cuento que muy claramente la Biblia dice que el templo… ¡soy yo! y vos, y el de más allá, y el otro. El Espíritu de Dios habita en nosotros y “somos el templo de Dios” (1 Corintios 3:16–17; 6:19).
No somos el templo, somos la iglesia. Una entidad espiritual con llamado, poder y autoridad para transformar el lugar donde estemos. Somos los que 3:10 dice que estamos “para dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios a los principados y poderes en los lugares celestiales”.
Me atrapaste… junto con “propósito”, el otro tema que me apasiona hablar es “iglesia”. Eclesiología le dicen los que saben: el estudio de la doctrina de la iglesia. Para mí, el canal de transformación social, el sistema de desarrollo personal y comunitario para llevarnos a un nivel superior, la “comunidad” de los creyentes (o asamblea) que se reúnen para adorar bajo una fe y visión en común y salen para afectar el mundo que los rodea.
Uff… me estoy poniendo en modo predicador. Paremos un poco…
¿A qué vas a la iglesia?
¿Qué es la iglesia para vos?
¿Sos iglesia?
Ese es otro concepto. “Ser iglesia” es ser parte de esta entidad y obra, es tomar un compromiso con lo que Dios quiere hacer y ser parte. Otros le dicen ser un miembro comprometido. Los bautistas medían el compromiso con el diezmo: si diezmás, sos parte; si no diezmás, solo sos un visitante.
No me parece bien. Si bien el diezmo demuestra tu compromiso, es una decisión voluntaria de involucrarte o no, de honrar o no. Tiene que ser un acto consciente pero voluntario. Bueno… entender la iglesia también…
¿A qué vas a la iglesia?
¿Qué es la iglesia para vos?
¿Sos iglesia?
¿Es una actividad social? ¿Es un momento de encuentros? ¿Es hacerse amigos o, tal vez, hacer negocios?
¿Vas a buscar respuestas? ¿Soluciones? ¡Un milagro!
¿Qué hacés en la iglesia? ¿Te involucrás? ¿Trabajás? ¿Servís?
¿Adorás? ¿Buscás a Dios? ¿Te conectás con él? ¿Con la adoración?
¿Recibís palabra? ¿Activás esa palabra? ¿Incorporás esa palabra?
¿Le permitís a Dios que te transforme?
El evangelio es una experiencia sobrenatural transformadora que te coloca en una nueva posición espiritual.
La iglesia es el movimiento que acompaña esa transformación y capacita para transformar.
¿A qué vas a la iglesia?
¿Qué es la iglesia para vos?
¿Sos iglesia?
