Y Dios nos sigue hablando… cambio de visión, cambio de enfoque. Una nueva temporada (spoiler de mañana) que está comenzando, una nueva etapa a transitar.
Realmente sí, como te dije ayer (¿lo leíste?), somos privilegiados. No es una exageración ni manipulación emocional. Así como la publi de la American Express dice que “pertenecer tiene sus privilegios”, o el viejo institucional de Canal 13 decía: “ser parte es bueno”, asimismo es bueno pertenecer al pueblo de Dios.
Incluso si lo miramos con una óptica natural. La Biblia dice que hemos sido creados “un poco menor[es] que los ángeles” (Salmo 8:5), y posteriormente cuando habla del hombre espiritual, del que es hijo de Dios, dice que somos “superiores a los ángeles” (1 Corintios 6:3).
¿Cuál es el factor que hace la diferencia? El espíritu de Dios en nosotros y el derecho otorgado por Dios a ser sus hijos (Romanos 8:9; Juan 1:12).
“Antes no éramos pueblo” dice Pablo, pero que “ahora somos pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10).
Pueblo, hijos, elegidos, ungidos… Es un privilegio ser cristiano.
Pero la falta de identidad y de relación con él nos hace mantener la cabeza gacha, mirando el conflicto, mirando el problema, más preocupados por lo que el enemigo pueda hacer que por avanzar en la obra del Señor.
Es una comparación sencilla: las águilas surcan el cielo con la cabeza recta o en alto y solo la inclinan levemente para enfocarse en su presa. En cambio la gallina… está mirando el suelo buscando gusanos. ¿Qué dice Dios de vos? ¿Águila o gallina? ¿Gallina o águila? (¡Ay si escuchara Calvin! —Michael J. Fox— Volver al futuro 1,2,3).
No dudes… “los que esperan en el Señor levantarán alas como…” ¿las gallinas?. No. “¡las águilas!” (Isaías 40:31).
Me retumban las palabras de Nehemías: “¿un hombre como yo va a huir?” (Nehemías 6:11). Supongo que Isaías las conocía. Pero además de conocerlas Dios volvió a enfocarse en eso cuando dijo, por la boca de Isaías, “Yo mismo soy su consolador. ¿Quién eres tú para tener miedo de hombres mortales, que son como la paja?” (Isaías 51:12).
Una comparación un poco extravagante. Normalmente el “¿quién sos vos para..?” va seguido de algo que apunte a la arrogancia. “¿Quién sos para sentirte superior, para ponerte encima, para hablar así..?” etc. Pero en este caso es un “¿Quién sos vos para dejarte amedrentar? ¿Para temer del otro? ¿Para dejarte manipular por la acusación?”
¿Será acaso que creés que Dios no es suficiente? ¿Será que no confiás en él? ¿Será tal vez que no te creas digno? ¿Será que tus miserias te ciegan?
Sea lo que sea, sientas lo que sientas, lo espiritual no se mide por percepción, sensación o mérito, sino solo por fe (2 Corintios 5:7).
¡Ay cristiano! No sos más que nadie. Pero tampoco sos menos. Sos un pri-vi-le-gia-do… al que Dios llamó para impactar.
No te detengas ante las amenazas
No hagas caso de las humillaciones
No escuches a los profetas del fracaso.
No prestes atención a los llamados de la mediocridad
Dios no te trajo hasta acá… para volver atrás (Hebreos 10:39).
—Marcos Witt—
