La pastora Lidia amaba cantar ese corito. Era la esposa de nuestro primer pastor, con quien conocimos al Señor y el evangelio. Seamos sinceros… no cantaba bien: los músicos iban corriendo detrás de las notas que ella perdía y las encajaban en los tiempos extraviados. Cada tanto también aparecía un gallo, pero… el Señor se gozaba y se movía cuando ella adoraba.
Sí, a Dios hay que darle excelencia. Pero la excelencia incluye un corazón rendido, y sin él no hay excelencia.
Después conocí la versión de Alvarado en Palabra en Acción, no me gustó. Me había acostumbrado al tempo de la pastora.
🎵 “¡Resplandece, pues ha venido tu luz..!” decía la canción, que no es otra cosa más que el texto de Isaías 60:1:
“¡Levántate, resplandece! ¡Tu luz ha llegado! ¡Ya la gloria del Señor brilla sobre ti!”
Realmente las palabras de Isaías (Dios) a Israel fueron un cambio de época.
Las cosas estaban de una manera, ahora venía algo distinto.
Las cosas no pintaban bien, pero empezaba lo nuevo.
No se daban cuenta del cambio, pero el cambio ya había empezado.
¡La luz, su luz, había llegado!
¿Puede ser que una luz aparezca y no la notes? Sí, puede ser.
A veces por distracción. Otras por falta de visión. Tal vez estás mirando a otro lado, o con la cabeza gacha mirando tu dolor. Tal vez estás con lentes oscuros, algunas veces porque te molesta el sol, otras para que no se noten tus ojeras.
La cosa es que sí, podés no darte cuenta.
La luz también es revelación. Es entendimiento. Es, obviamente, iluminación. La luz es un cambio de estado y de condición. La luz disipa las tinieblas y no hay ambiente oscuro que se resista a un simple fósforo encendido.
“La gloria del Señor está sobre vos”, le dijo Isaías a Israel. Un Israel que venía golpeado y vapuleado. Un Israel que no era inocente. Se lo había buscado. Podemos decir con total tranquilidad y convicción que lo había provocado. ¡Ya Dios lo había advertido!:
“¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso.” (Isaías 42:24-25)
Un Israel que estaba comiendo la comida que había cocinado.
¿Cómo actuás en esa situación? Al perro golpeado le cuesta aceptar la mano extendida, y al que conoce su culpa le cuesta levantar la cabeza. Somos hechos a imagen de Dios, pero no actuamos como Dios. Pensamos a Dios como juez y castigador, como “fuego consumidor”, cuando por encima de eso está su misericordia.
¿Rechaza Dios al que pecó?
¿Condena Dios al que falló?
¿O no renueva acaso su misericordia “cada mañana”? (Lamentaciones 3:23)
No sé si te diste cuenta, pero antes de decir “¡resplandecé!”, dice “¡levantate!”
¿A quién se le dice “levantate”?
Al que está caído,
Al que está tirado,
Al que está dormido,
Al que está acostado…
Dios no rechaza a su pueblo ni a sus hijos.
Dios no menosprecia a aquellos por los que murió.
Dios no desprecia a los que fueron lavados con la sangre de Cristo.
Sino que les dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16)
¿Quién necesita gracia y misericordia?
El que se desvió,
El que falló,
El que pecó…
“¡Levantate!”
“¡Resplandecé!”
“¡Ya vino tu luz…!”
(La misma luz que brillará sobre tu casa. La misma luz que alumbra el camino a los demás).
“La gloria de Dios está sobre vos”.
