¿Hablamos de política?
No, tranquilo. Cero militancia y cero partidismo. Creo sinceramente que terminó la época de los “ismos” e “istas”, y que si tuviera que avalar o reivindicar alguno sería el “cristianismo”, y mucho menos el “evangelista”. (¿Aprenderán alguna vez que la iglesia es “evangélica” y no “evangelista”?)
Igual, yo no me considero evangélico. Simple y sencillamente, cristiano.
Hablemos entonces de ideologías. En los últimos 200 años de existencia de la humanidad se han desarrollado diferentes ideologías respecto a las formas de gobierno y la relación de la sociedad con el Estado.
De un extremo al otro del espectro pasamos del Estado controlador y paternalista hasta la ausencia del mismo y una jungla de poderes; ambos en busca de prosperidad, ascenso social, beneficios sociales, propiedad privada o no, propiedad de la tierra o renta comunitaria.
¡Qué problema! Sigue siendo, fuera de las ideologías, la gran crisis social: la casa propia o el alquiler eterno. Aspirar a la casa propia ya pasó de ser un sueño a convertirse en fantasía. Y las garantías, requisitos y exigencias para alquilar parecen los fariseos del Nuevo Testamento poniendo cargas sobre el pueblo.
Tuvieron menos trabas y exigencias mis padres en los 70 para comprar su casa, que las que se ponen hoy para poder alquilar.
Es el problema de los recién casados. Es la crisis de toda pareja. “Invertí en ladrillos”, te decían en el siglo pasado… y los ladrillos empezaron a juntar polvo y criar lauchas.
Pero llegará un día en que eso dejará de ser un problema. Sí, se va a terminar la crisis habitacional y la propiedad de la tierra. Los comunistas van a poder celebrar: ¡al fin su proyecto dio fruto! Todos viviendo en comunión y compartiendo todas las cosas.
Isaías 65:9 dice: “Mis elegidos [los elegidos por Dios] tomarán posesión de la tierra, y mis siervos [los de Dios] la habitarán.”
¡Ah, no! Mala mía. Los comunistas no creen en Dios, así que otra vez se van a quedar con las ganas de vivir su utopía. Pero vos… sí creés. Y si creés, si te comprometés, si te involucrás y sos parte del plan y obra de Dios, si hacés que te importen las cosas que a Dios le importan… “tomarás posesión de la tierra y la habitarás”.
Es una promesa a largo plazo. Pero es una promesa. Y el Dios que hace promesas nos alinea con esas mismas promesas, así que para llevarte al norte no te hace ir al sur. ¿Qué digo? Que desde el día que le dijiste “sí” al Señor empezaste a caminar hacia el cumplimiento. Que cuando empezaste a meter mano en sus cosas, empezaste a experimentar una vida distinta, una visión renovada, una meta concreta hacia una vida en plenitud.
Sí. No hay vueltas. Vale la pena seguir a Cristo y realmente ¡vale la pena servir al Señor!
Ya hablamos de esto, pero no creas que los elegidos son algunos especiales. Elegidos son todos los que responden a su llamado y se ponen en su camino.
Alguna vez escribí, y te la regalo ahora:
“Dios solo llama a vencedores. ¿Respondiste? ¡Venciste!”
No retrases la bendición.
No evites tu promoción.
Respondé a su llamado.
Decile sí al Señor.
