Perder para Ganar

Hace mucho que no lo digo, pero no dejo de creerlo: Pablo sabía algo que nosotros no sabemos.

En Filipenses leemos el CV de Pablo. Él les habla a los cristianos de Filipos haciendo un poco de alarde de sus credenciales en el judaísmo, como para que se den cuenta de que no están tratando con un novato ni con un “caído del catre”, sino con alguien que tiene de qué enorgullecerse (Filipenses 3:5-6).

Pero, haciendo buena gala de seguidor de Cristo, de quien en el capítulo anterior dijo que no tuvo problemas en “rebajarse a sí mismo” (Filipenses 2:7-8), él mismo decide menospreciar sus logros solo por una cosa. Bueno, más que una: “conocer a Jesús, conocer el poder de su resurrección y ser hallado en él” (Filipenses 3:8-10).

Repito: Pablo algo sabía. Él dejó algo entre líneas. Habló de alguien que había “subido al cielo” y visto cosas “que no podía contar” (2 Corintios 12:2-4). Parece el famoso “tengo un amigo que tiene un amigo…”, obviamente estaba hablando de él.

¿Qué cosas vio? ¿Qué le fue revelado?
No tengo idea y probablemente nunca lo sepamos (en vida terrenal), pero no hay dudas de que fue algo que cambió su vida y su visión espiritual.

¿Será el “cosas que ojo no vio ni oído oyó” (Isaías 64:4)? No, porque también Pablo dijo (¡siempre Pablo!) que esas cosas “ya nos fueron reveladas por el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:9-10). Así que es algo mayor que eso todavía.

Tampoco me puedo guiar por los detalles de Apocalipsis de “las calles de oro y el mar de cristal” (Apocalipsis 21:21; 4:6), porque aluden a la Nueva Jerusalén, al tiempo futuro, en la eternidad. Pablo no parece estar viviendo eso, no habla de eso, habla de él: “conocerlo… y ser hallado…”

Él sabía algo que no sabemos. Pero algo por lo que vale la pena el esfuerzo y aun las aparentes pérdidas. Sí, aparentes… porque claramente dice: “lo perdí todo y lo tengo ¡por basura! para ganar… a Cristo” (Filipenses 3:8).

Si la pérdida genera ganancia, no es pérdida, es ganancia.
Parece Moisés, de quien el autor de Hebreos dice que “no le importaron los placeres temporales del palacio, porque tenía la mirada puesta en lo que iba a recibir” (Hebreos 11:24-26).
Bueno… el Moi lo vio casi cara a cara…

Una meta clara. Una visión determinada. Un enfoque bien definido…
Conocer y ganar a Cristo. De tal manera que…

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante…” (Filipenses 3:13).

¿Vos ya lo alcanzaste?
Mmm… hacé como Pablo: olvidate ciertamente de lo que quedó atrás. El pasado no tiene nada nuevo que ofrecerte y, por el contrario, el futuro y el presente espiritual tienen (así parece) mucho más para darte.

¡Hacé como Pablo! Extendete… eso implica esfuerzo. ¿Hiciste extensiones alguna vez? Cuesta, ¿no? Pero cuanto más te estirás, más avanzás y más alcanzás.
Extendete a lo que está adelante…

¿Hay cosas que te frenan?
¿Hay obstáculos en tu camino?
¿Sentís melancolía por lo que queda atrás?
¿Te duele desprenderte de algunas cosas que te acompañaron por años?

Pablo sabía algo, que nosotros no sabemos.

Dejar un comentario