“¡Agarrate Catalina!”
Cuando decís o escuchás esta expresión del refranero popular, sabés que algo va a pasar. Tiene muchos usos: puede usarse en una situación literal donde necesites agarrarte de algo, puede ser una advertencia por algo que viene, también cuando te están por dar una noticia de esas que te dejan con la boca abierta… o con la trompa contra el piso.
En definitiva, es un llamado de atención para que te prepares para lo que está por venir. A veces pecamos de improvisados por exceso de confianza pero… “hombre precavido vale por dos” (ya que hablamos de frases populares).
Así arranca Pablo en Filipenses 4. No, no, no habla de Catalina, sino de su propia vida. Se manda con un: “Así que, hermanos míos, amados y deseados, gozo y corona mía, manténganse firmes en el Señor, amados” (Filipenses 4:1).
Me gusta porque es como si lo estuviera viendo. Se sacude las manos, choca sus palmas como diciendo “arreglate”, los mima, les endulza el oído (“amados y deseados, gozo y corona mía” – ¡era todo un seductor!) y de golpe: “¡Agarrate Catalina!”, “¡Manténganse firmes!”.
Ya Jesús había usado ese recurso, pero fue más explícito. En Juan 16, después de haber dado instrucciones y advertido sobre los peligros futuros, cuando él ya no esté, les dice: “Les he dicho estas cosas para que no tengan tropiezos” (Juan 16:1).
“¡Manténganse firmes!” Habrá momentos en que las cosas no van a ser fáciles.
“¡Manténganse firmes!” Alguna que otra vez van a querer largar todo.
“¡Manténganse firmes!” Se van a cuestionar si fue la decisión correcta.
“¡Manténganse firmes!” Empiezan a caminar a contramano del mundo.
Mantenerse firme es soportar el piso que se mueve, los vientos que te quieren tirar, los golpes que te quieren derribar.
Ya se lo había dicho Dios a Jeremías: “No temas delante de nadie, porque yo estoy contigo y te pondré a salvo” (Jeremías 1:8).
Mantenete firme. Dios está con vos.
También le dijo, a modo de advertencia: “No temas delante de ellos, pues de lo contrario, delante de ellos te quebrantaré” (Jeremías 1:17).
Una suerte de “siembra y cosecha”: si les tenés miedo, el miedo va a dar fruto. Bueno, el miedo no es otra cosa más que la fe en negativo: “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Así que, si estás teniendo miedo, también tenés fe. Pero actuá con fe, para que suceda lo que esperás, y no con miedo, para que no suceda lo que temés.
¡Mantenete firme! Y no busques caminos alternativos. El único camino a la salvación y a la plenitud es Jesús. Tal vez estés buscando en el desarrollo personal, en hacer plata, en una carrera rentable; tal vez estés dejando incluso de servir a Dios para hacer horas extras; tal vez te parece “más copado” leer autoayuda, coaching o neurociencia que la Palabra de Dios. Todo bien, todo es bueno, pero no todo sirve.
Es muy fácil caer en el error, buscando un futuro mejor: “Me han dejado a mí, que soy fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, ¡tan agrietadas que no retienen el agua!” (Jeremías 2:13).
¿Andás preocupado? ¿No llegás a fin de mes? ¿Estás buscando una salida? ¿Pensás que no vas a poder?
Mantenete firme: “Dios suplirá todo lo que [te] falte, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
¡Mantenete firme!
