Hace ya unas cuántas décadas —no recuerdo cuántas— apareció en TV esa fusión de experimento social y morbo que se llamó (se llama) Gran Hermano.
La idea del Big Brother nació más atrás aún, con la novela 1984 de Orwell, donde un gobierno totalitario, a través del Gran Hermano, ejercía control y dominio sobre toda la humanidad.
El programa Gran Hermano pone a un grupo de personas en una situación de aislamiento y exposición, obligándolos a lidiar entre sí con la convivencia y mostrando sus intimidades al exterior.
Hay como un morbo y un mito al mismo tiempo: meterse en la intimidad del otro y creer que somos constantemente observados.
Sumado a eso, para darle más alas, en los últimos años se fomentó la idea —parte mito, parte verdad— de que los celulares nos observan… Otra vez Gran Hermano al ataque.
(¡Quién va a querer leer tus conversaciones tan profundas!)
Con todo ese trasfondo, no es difícil aceptar la idea de un Dios de juicio castigador, que está observando todos tus movimientos esperando el mínimo error para condenarte.
Hasta los viejos dibujos animados mostraban a ese Dios más parecido a Zeus, arrojando rayos sobre la gente.
Sí, nos creemos ratoncitos en el laboratorio de Dios…
Una cosa es cierta: Dios nos observa. Ya lo dice el Salmo: “Dios miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios.” (Salmos 14:2).
También el 18, que dice que Dios “inclinó los cielos y descendió para librar al hombre de su enemigo.” (Salmos 18:9, 16–17).
Sí. Dios nos mira, Dios nos vigila. Pero ¿por qué pensar que siempre es para juicio?
Eso me pasaba con Proverbios 5: “El Señor está atento a lo que hace cada hombre y observa por dónde anda.” (Proverbios 5:21).
Lo leía justamente viendo a Dios controlando para corregir al desviado. Pero el texto no dice eso. El texto dice, en esta versión, que Dios “está atento” a lo que hacemos.
¿Acaso una madre no sigue con atención a sus hijos que juegan en una plaza?
¿Acaso un padre no está atento al progreso de sus hijos?
¿Acaso ambos no “están atentos” cuando sus hijos están fuera de casa o hasta que no vuelven a la misma?
No siempre “estar atento” denota juicio y condenación; en realidad, lo primero que indica es cuidado y protección.
Esto no significa que Dios sea ajeno a nuestros errores y pecados. Para nada.
También los ve y sigue repitiendo, como con Adán: “¿Dónde estás?” cada vez que nos desviamos del plan y el propósito.
Sí. Dios te está mirando, sigue velando por vos, sigue intercediendo por medio de Jesús para que llegues a tu destino, la meta soñada y el “supremo llamamiento” en Cristo.
No. No espera que caigas para castigarte; está atento para, cuando caigas, correr a levantarte…
“Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.” (Salmos 145:14)
¿Te sentís controlado?
Descansá, no sos tan famoso ni tan peligroso.
¿Te sentís observado?
Ponete contento, Dios te está cuidando.
