¿Nunca te preguntaste por qué el perro da vueltas antes de dormir?
Más allá de la explicación evolutiva… es algo que está en su ADN.
A ver, no, no es algo que esté en su código genético, sino que es un instinto preprogramado: nacen con ese comportamiento y, sin saber ellos mismos por qué, lo hacen.
Son aquellas cosas que la Biblia llamaría “por causa de conciencia” o la sociología define como “conciencia moral”: no sabés por qué algo está bien o mal, pero sabés que está bien o mal.
¿Está mal matar? Sí, obvio. ¿Por qué? ¿Te lo enseñaron? No. Siempre supiste que estaba mal. Es algo que está en tu conciencia, en tu moral, en tu instinto, en tu interior.
Tiene que ver con la esencia, con la identidad. Tiene que ver con la razón de ser, con tu propósito, con tu función.
Decía ayer que no se puede ser lo que no se es ni dejar de ser lo que se es… y aplica en este caso: sos lo que sos, diría Sandra Mihanovich, y vas a actuar en función de lo que sos.
No solo los perros tienen ese comportamiento, también las hormigas, que son un ejemplo en la Biblia de determinación, disciplina y saber lo que tienen que hacer. A mi esposa no le gustan, y tiene sus motivos: en un día se comieron un árbol y no es justo… pero decime si no hay que felicitarlas… e imitarlas.
Eso dice Proverbios: nos manda “mirar” a las hormigas (Proverbios 6:6) y no para hacer un documental, sino para sacar una enseñanza e imitarlas.
Dice Proverbios 6:7-8 que: “La hormiga no tiene quién la mande, ni jefe ni líder. Sin embargo, durante el verano reúne todo su alimento; guarda su comida en la cosecha.” ¡Es admirable! No tienen quién las mande y, a pesar de eso, en vez de trabajar a reglamento o tirarse a chanta… hacen lo que saben que tienen que hacer.
Esto me lleva y obliga a una reflexión. Estoy al mismo tiempo planificando una charla para la próxima reunión de hombres, y me viene “como anillo al dedo”, no solo por la charla sino por la aplicación personal.
¿Sabemos lo que tenemos que hacer?
Si lo sabemos, ¿hacemos lo que sabemos que tenemos que hacer?
Si no lo sabemos, ¿cómo sabemos?
Y la respuesta se centra en una sola cosa: quién sos. ¿Quién sos?
Saber quién sos define tu comportamiento. Si sos cirujano, no te ponés a bailar en el quirófano, sino que te enfocás en la cirugía.
Saber quién sos te da una posición: no es lo mismo ser “el mono que el dueño del circo”, y en base a cuán mono o dueño seas, así vas a actuar.
Saber quién sos te confronta a tomar una decisión y tener una responsabilidad: hacer lo que tu rol, profesión, identidad obligan solo por el hecho de ser quién sos.
Tal vez la respuesta a muchos problemas de falta de compromiso o responsabilidad se encuentre en trabajar la identidad (un tema que me apasiona).
Tal vez, en vez de reclamar por cosas no hechas, habría que afirmar esa identidad.
Tal vez, solo tal vez, el tema sea enfocarte en “saber quién sos”.
Cuando sé quién soy, sé lo que tengo que hacer. Sé lo que se espera de mí, y no solo eso, sé con qué recursos cuento y qué capacidades para hacer lo que tengo que hacer.
Sí, porque la función no se determina por una conveniencia, sino por la capacitación previa. Es decir… si sos perro, tenés cola para mover, y si tenés cola… sos perro.
¿Sabés quién sos?
Sos hombre, sos mujer, tenés tal vez alguna profesión o dedicación especial. ¿Tu comportamiento muestra quién sos?
Si yo no sé quién sos, ¿tus acciones me lo dicen?
¿O qué dicen tus acciones que sos?
No se puede dejar de ser lo que se es; no se puede dejar de hacer lo que identifica tu esencia, tu ser.
No se puede ser lo que no se es, ni dejar de ser lo que se es.
¿Quién sos?
