De Jueces y Acusados

¡Esa manía que tiene la iglesia de condenar al otro! O tendría que decir: ¡Qué extraño placer tiene el evangélico en encontrarle “el muerto en el ropero” al otro!

Justamente esta mañana llega a mí un comentario de alguien reclamando: “¿Por qué ya no hay predicadores que condenan el pecado?”
E inmediatamente las respuestas a su acusación: “¡Porque la iglesia está pervertida!” Y no podía faltar el fatídico: “¡Porque estamos en los últimos tiempos!”

Digo, pienso en voz alta (¡me encantaría estar haciendo un video ahora!): ¿Cuántas veces Jesús condenó o predicó contra el pecado? Incluso en toda su confrontación con los fariseos, ¿era por el pecado? ¿No era, acaso, por el legalismo, la religiosidad y la arrogancia de la casta sacerdotal?

Por otro lado, ¿creés que es efectiva la prédica basada en el pecado? A ver… ¿pensás que a la gente le molesta, incluso le afecta o cree en el pecado?

Si mañana te dicen que un extraterrestre proveniente de Júpiter va a venir a tu casa, ¿te lo tomás en serio? Así pasa con la gente que escucha hablar de pecado.

Si el propósito de la iglesia es transformar, afectar, mostrar el camino a Dios y procurar que el reino de los cielos venga a nosotros, necesitamos encajar… no ser rechazados por fanatismo.
¡Ah, perdón! Mejor pocos pero buenos, claro… (ironía, ¿eh?).

El mensaje del evangelio no es para condenación sino para salvación, porque el evangelio no es para condenación sino para salvación.
¿Sabías que “evangelio” significa “buenas noticias”? ¿Qué buena noticia sería “¡te vas al infierno!”? El foco del evangelio no está en el infierno, sino en el cielo.

No te preocupes por el pecado, salvo que sea el tuyo. No andes con lupa buscando el error del otro, Jesús dijo: “enfocate en el tuyo” (Mateo 7:3-5).
Ocupate de lo tuyo y dejá que Dios se ocupe de lo suyo, después de todo, quien “convence de pecado” (Juan 16:8) no sos vos, sino el Espíritu de Dios.

“El que trabaja su tierra” —dice Proverbios 12:11— “tendrá suficiente alimento,…”
Ocupate de lo tuyo, para que lo tuyo dé fruto, porque Salomón termina diciendo: “pero el tonto desperdicia el tiempo.”

Dice 1 Tesalonicenses 5:9: “Dios no nos ha puesto para sufrir el castigo, sino para alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

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