Simbiosis

Siembra y cosecha… ¡Siempre siembra y cosecha!
Puede sonar casi a fanatismo o parcialidad, querer ver las cosas con una visión sesgada, llevarlo para mi terreno o manipular los textos. Pero en el Reino de los Cielos todo gira alrededor de la siembra y la cosecha.

Por supuesto, no son todas semillas físicas; incluye también acciones y decisiones. Todo lo que hacés genera un resultado, y el resultado es en relación a lo que hacés: no podés pretender actuar mal y que te respondan bien, o atacar y no ser atacado. Siembra y cosecha.

Acompañando a este principio está el de la influencia: todo lo que hacés genera un resultado en relación a lo que hacés, y con quién te juntás o te relacionás moldea tu comportamiento y también tus decisiones. Podría decir que relacionarte con alguien es como labrar tu tierra para ser sembrada, y esas semillas germinan en tu corazón, y las tuyas en el del otro. Con quien compartís tu vida, o una etapa de tu vida, se produce una simbiosis: ambos van tomando formas, palabras, pensamientos, uno del otro.

Por eso hay tantas advertencias en la Biblia sobre contagiar sin ser contagiados. Tal vez te creas tan superado que pensás que podés afectar al otro sin ser afectado, pero si no vas con una decisión firme, y sabiendo lo que estás haciendo, ¡algo se te va a pegar!

Alguna vez te di el ejemplo de la milanesa: ¿podés evitar que se te pegue el olor cuando estás —o están— friendo milanesas? Así dice la Biblia, no sobre las milanesas, pero sí sobre las relaciones con otros:

“¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?
¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?”
(Proverbios 6:27-28)

Siembra y cosecha…
Acción y reacción…
Causa y efecto…
Influencia y resultado…

Ya lo dijo Dios a Jeremías —algo que varias veces compartí y prediqué en las últimas semanas—:

“Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!” (Jeremías 15:19, NTV)

Fuimos llamados por Dios para adaptarnos sin amoldarnos, para encajar y transformar. Es el llamado básico de la iglesia. ¡Es la razón de ser de la iglesia!
Si creías que la iglesia es para salvarte, erraste; para ser prosperado, erraste; para alcanzar bendición, erraste.
La salvación se obtiene por la fe en Jesús y vivir según su modelo. La bendición y la prosperidad son consecuencias de seguir sus enseñanzas y vivir a su manera.

No venimos a la iglesia para eso: somos iglesia para transformar, para afectar, para ser luz, para ser sal. (Mateo 5:13-14)

Dice Proverbios 13:20: “Anda con sabios y te harás sabio; anda con brutos y te meterás en líos.”

Si miramos al revés, o sea, a partir de los resultados:
¿Tus amistades y relaciones te traen soluciones o problemas?
¿Mejoró tu condición y posición, o empeoró?
¿Adquiriste sabiduría o estás medio torpe? ¿Tonto?

Los mediocres se juntan con sus pares, para no ser confrontados ni sentirse menos.
Los manipuladores se juntan con gente inferior —a su entendimiento—, para usarlos en su beneficio.
Los sabios se juntan con aquellos a quienes ven superiores, para sí sentirse confrontados y superarse a sí mismos.

¿Con quiénes te estás juntando?
¿Te sentís confrontado?
¿Estás creciendo?

Lo que siembres hoy en tus relaciones, lo vas a cosechar mañana en tus decisiones.
Lo que hagas con tus decisiones, lo vas a cosechar en tus acciones.
Las acciones que tomes… van a definir tu futuro y tu destino.

“¡Juntate con sabios… y serás sabio!”

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