Argentinismos

El argentinismo es una enfermedad congénita y endógena. Congénita, porque es de nacimiento: ya nacemos con esa deformación, y es muy, pero muy difícil de ser tratada y corregida. Endógena, porque tiene que ver con el entorno, la cultura y la sociedad: ya está incrustada en el “.ar”, como si fuera parte indiscutible de la esencia argentina.

Para hablar con mayor corrección, argentinismo serían esas palabras típicas y propias del léxico argentino, esa forma particular y propia de hablar que nos identifica (y nos deschava), como el famoso “b…” ampliamente reconocido en todo el planeta.

Pero no estoy hablando de idiomas y variaciones del español o castellano, sino de la esencia, esa que aparece en todo tipo de videos extranjeros hablando de los “inmigrantes” argentinos en Europa y el resto del mundo. Veo muy frecuentemente reels de españoles explicando cómo reconocer a los argentinos, y muchos otros burlándose sanamente de esta enfermedad que portamos: argentinismo.

¿Cuáles son los síntomas? Básicamente dos, que derivan en otros cientos. Pero la raíz está en solo dos: expertos en todo y dueños de la verdad. Tenemos una capacidad de adaptación que realmente es envidiable. Nos permite atravesar las crisis habituales que se viven en estas tierras, y que a un nórdico, suizo o alemán le provocarían un infarto.

Pero esa misma adaptación hace que pasemos de ser expertos en virología durante la pandemia de Covid, a técnicos profesionales de fútbol durante el Mundial de Catar; de ahí a técnicos en moneda y finanzas durante la campaña presidencial 2023, economistas y tributaristas durante el 2024, y especialistas en devaluación e inflación durante este 2025.

No quiero hacer sociología o psicología social (me encantaría, pero me desviaría del tema), aunque hay varios factores para que esta enfermedad siga tan activa y no pueda combatirse, y mucho tiene que ver con la identidad. Es el síndrome del petiso, que para disimular su baja estatura camina en puntas de pie, pecho inflado y cabeza en alto (sigue siendo un petiso, pero él se cree más alto).

Pero en vez de ir para ese lado, prefiero quedarme con el concepto de la transformación, algo transversal a todo el evangelio. Dios no te juzga ni te condena por lo que eras, fuiste o naciste siendo, sino que te pide que empieces a ser una persona distinta, una persona nueva.

Desde el “les es necesario nacer de nuevo” de Juan 3:7, al “nueva criatura es” de 2 Corintios 5:17, pasando por “y esto eran algunos de ustedes” de 1 Corintios 6:11, todo apunta a la transformación, la metamorfosis, el cambio de pensamiento y de identidad.

Hoy leía en Dicho Está, curiosamente:

“La aceptación de tu condición es la clave para la transformación; pero la resignación a tu condición es la cadena que te ata a esa condición.”

Es fundamental reconocer los síntomas de argentinismo y actuar. Y no pienses que se soluciona con un cambio de pasaporte, sino con humildad, aceptación y transformación.

Por eso dice Proverbios 15:22: “Los planes fracasan cuando no se consultan, pero tienen éxito cuando se pide consejo a los que saben.”

¡Qué difícil es pedir consejo! Cuando creés que no lo necesitás o que sabés todas las respuestas.
¡Qué fácil es pedir consejo! Cuando reconocés tus limitaciones y aceptás que otro sabe —o puede saber— más que vos.

Todo se evalúa por medio de los resultados:
—¿Cómo te está yendo con tus decisiones?
—¿Están dando fruto tus planes?
—¿Estás avanzando, creciendo, progresando?
—¿O estás chocando siempre con la misma piedra?
—¿Qué considerás más importante: tener razón o que te vaya bien?

Hace unos días te hablaba acerca de la elección de las relaciones y compañías: que no busques sentirte superior, sino que te acerques a los sabios para ser confrontado a subir de nivel. (ver)
Así te digo hoy, de la misma manera: “No seas sabio en tu propia opinión…” (Proverbios 3:7).

Buscá consejo, el consejo sabio, el consejo “de los que saben”… y te va a ir bien.
Buscar consejo no te hace menos, te hace sabio.
Buscar consejo no desnuda tu limitación, muestra tu humildad y deseo de superación.

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