Tengo un problema personal con “las Kardashians”. Me irrita. Me molesta. No ellas ni su programa, sino los que lo siguen y hacen de ese reality casi un culto. Hay una cuota de morbo: mirar la intimidad de la gente. Eso fue lo que, al principio, le dio el rating a Gran Hermano: el poder espiar (y a veces el poder espiar) lo que hacían en su intimidad (y en su intimidad). Pero más allá del morbo, está esa admiración por la realeza.
Sí, digo realeza, porque muchos de los que critican a las casas y familias reales europeas y asiáticas no tienen ningún problema en ser súbditos fieles de los mediáticos e influencers que nos muestran cómo hacer un huevo frito o la angustiante crisis de una uña rota.
¡Ah, claro! Las familias reales viven de la gente… claro… ¿y “las Kardashians”? Je…
Hablamos de igualdad de derechos, defendemos —por supuesto— la democracia, rechazamos las ideas elitistas, pero idolatramos a quienes ostentan otro nivel de vida, envidiando no poder ser V.I.P.
¿Podés creer que eso mismo lo trasladamos a la relación con Dios?
La relación personal con Dios y la relación ministerial se ven afectadas por ese mismo pensamiento: no nos creemos dignos de la posición que Dios nos da ni del llamado, sea cual sea, que Él nos haga.
¿Te acordás de Moisés?
Dios lo llama, lo envía a liberar al pueblo, y Moisés le dice que no es apto. (Éxodo 3:11; 4:10)
¿Te acordás de Gedeón?
Dios lo llama, lo manda a liberar al pueblo, y Gedeón le responde: “¡No soy apto!” (Jueces 6:15)
Uh… figurita repetida…
En el sistema en que vivimos llegamos a pensar que hay que ser casi un superhombre para tener éxito, para sobresalir o para prosperar.
A veces nos quedamos mirando desde una vidriera virtual la vida de otros, como si fuera lo único a lo que podemos aspirar, como si fuera algo irreal e inalcanzable.
Pero en Dios no es así.
Dios “no da puntada sin hilo” y tampoco Dios se equivoca.
Sería entre tonto y soberbio pensar que Dios cometa un error a la hora de elegir a alguien.
Sería más soberbio que tonto pretender corregir a Dios o casi decirle, como Moisés: “No, Dios, le erraste, yo no sirvo”.
Ya lo dijo Isaías: “¿quién puede servirle de consejero?” (Isaías 40:13).
Pero, a pesar de eso, nos cuesta aceptar el lugar o la posición, espiritual y ministerial, que Dios nos da.
Pablo abre su corazón con Timoteo (eran bastante cercanos) y le dice:
“Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me fortaleció, porque me consideró fiel al ponerme en el ministerio…” (1 Timoteo 1:12)
Te lo digo en versión WAE (¿no la conocés? me re sirve a mí): “Le doy gracias a Dios que me puso en el ministerio porque pensó en mí y vio que soy fiel para cumplir la tarea que me mandó hacer. Le doy gracias porque, por eso (o para eso), me fortaleció y así me capacitó con su Espíritu y unción para llevar a cabo esa tarea.”
Va de nuevo: ¿En serio creés que Dios se va a tomar el trabajo de darle una responsabilidad a alguien sin saber si es apto?
Otra vez: ¿De verdad pensás que Dios no sabe si tenés o no las condiciones necesarias?
Una más: ¡No puedo creer que pienses que Dios no sabe todas las cosas!
Volvemos…
Si Dios sabe todas las cosas, sabe si sos apto.
Lo sabe porque sabe, y lo sabe porque “a los que predestinó, a éstos también llamó” (si te llamó, estás hecho para eso, Romanos 8:30).
¿Querés más? “…nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto.” (2 Corintios 3:5-6)
Volvemos otra vez (otra y van…)
Si Dios sabe todas las cosas, sabe si sos apto.
Si sabe si sos apto, sabe que tenés las condiciones para hacer lo que te pide o te manda.
Si sabe que tenés esas condiciones, sabe que vas a cumplir responsable y eficientemente la tarea que puso delante tuyo o en tus manos.
Si sabe que la vas a cumplir responsable y eficientemente…
“El solo hecho de que Dios te llame demuestra que tenés las condiciones para hacer aquello para lo que Dios te llamó.”
Suena debatible, suena… agarrado de los pelos. Pero es real.
“¡Santo bucle!” diría Robin.
El punto es, y termino:
No midas tu llamado con la vara de tus limitaciones.
No compares tu capacidad con la medida del llamado de otro.
No minimices lo que Dios te dio. No te creas más, pero tampoco te creas menos.
Creele a Dios.
Él sabe, por lo menos, un poquito más que vos…
