Diseño Divino

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. Este es uno de esos temas de los cuales me encanta hablar, pero que muchas veces no quiero hacerlo. Es uno de esos temas que no solo invitan al debate, sino que ya sabés que van a traer cola… cola puntiaguda y algún que otro piedrazo.

Es que, si bien lo que voy a decir es más que obvio y conecta con la realidad de la vida, no tiene mucho rating. En los últimos años, las últimas dos décadas, durante casi el último cuarto de siglo, se ha batallado contra esto e implantado nuevas ideas e ideologías que, aunque están “agarradas de los pelos”, encontraron eco en toda una generación. Es lamentable, pero cierto: no siempre las mayorías tienen razón, mucho menos cuando hay razones que quieren ser violentadas.

No somos todos iguales, ni tenemos las mismas condiciones y capacidades. Esa extraña idea de “igualdad de género”, “equidad social”, con su pariente cercana “redistribución de la riqueza”, son aberraciones ideológicas que van en contra de principios éticos, biológicos y sociales: la acción sigue a la forma, y la forma define la acción.

El limonero da limones y el manzano manzanas. No esperarías lo contrario. Sin embargo, pretendemos que los seres humanos seamos un “modelo de fabricación en serie”, con las mismas capacidades, las mismas habilidades y las mismas condiciones. ¿No te gusta que te compare con limones y manzanas? Ok. Hay personas con habilidades artísticas y otras manuales. Hay gente que puede crear música y otros levantar una pared. ¿El albañil es menos que el músico? ¿El médico es más que el verdulero? Obviamente vas a decir que no, y entonces vas a tener que reconocer… ¿son iguales? Je, no, no lo son.

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. Como te hablé ayer acerca del llamado, cada uno está programado por el Espíritu de Dios para ejercer una función específica. Así como no todos escriben música o plantan limones, no todos estamos preparados para hacer las mismas cosas, sino, como dijo Jesús: “cada uno según su capacidad” (Mateo 25:15).

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. ¡Y ni que hablar si nos metemos en las cuestiones de género! Perdón, señoras y señores, pero no existen los “seres gestantes”, sino las mujeres y madres; no existen los “hombres con vagina” ni las “mujeres con pene”, sino personas con “disforia de género”; no existe el “género fluido”, sino un conflicto esquizofrénico de identidad. Perdón, señoras y señores (¿ves que pongo a las mujeres primero, no?), hay tareas que solo los hombres pueden hacer, así como hay tareas que solo las mujeres pueden hacer.

Sí, ya sé, ya me gané un 50% de enemigos, pero la biología y la razón no entienden de modas ni de marxismos, sino que toda ideología debe estar sujeta a la razón y a la biología.

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. Y, por lo tanto, se espera de cada uno que haga o se desarrolle en aquello para lo que está capacitado, para lo que tiene condiciones. Si bien hemos tenido que soportar (no tolerar) que algunas “mujeres con pene” pretendan ser atendidas por ginecólogos… (todavía me estoy preguntando qué harían con el espéculo), eso no da autoridad a la pretensión, solo muestra que estamos perdiendo el rumbo… derechito a la destrucción.

Bueno, no es casual que estemos teniendo la menor tasa de natalidad del último siglo. Si seguimos así, en mil años se terminó la humanidad.

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. Y se espera que hagamos aquello que se espera de nosotros. Jeremías deja ver el corazón de Dios cuando, shockeado, sorprendido, dice: “¿Desde cuándo los hombres dan a luz? ¿Cómo es que a todos ellos los veo con los brazos en jarras, como mujeres parturientas?” (Jeremías 30:6). Como si dijera: ¿Por qué el limonero da bananas? ¿No tendría que dar limones?

Pero más allá de lo que pasa en el mundo, este principio no cambia en tu vida personal. Te dije que la cosa era para el debate y la confrontación. Pero ¿sabés qué se espera de vos?

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción. Estás hecho para hacer algo. Para desarrollar una tarea. Para ejercer un trabajo o una profesión. Estás hecho a la medida de lo que Dios quiere hacer con vos, y tenés la capacidad de hacerte cargo del ministerio que Dios ponga o ya puso en tus manos.

¿Cuál es tu habilidad? ¿Qué llama tu atención?
¿Dónde te ves trabajando, sirviendo?
¿Qué se espera, qué se dice, qué se piensa de vos?

La acción sigue a la forma, y la forma define la acción.

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