Señales

Hace muchos años atrás, recién abierta (no inaugurada) la Autopista Buenos Aires–La Plata y volviendo de unas vacaciones en la costa, cometí un error provocado por la ignorancia.

¿Qué es la ignorancia? El desconocimiento de algo. Una palabra con mala prensa, normalmente usada como insulto, humillación o descalificación; pero que solo muestra una realidad muy clara: no sabés todo, hay cosas en las que sos un total… ignorante.

¿Cómo se cura la ignorancia? Con información y estudio.
La lectura es un buen antibiótico y las señales una buena guía cuando sos… ignorante.

Eso fue lo que me pasó. Me encontré con la nueva subida a la autopista habilitada, yendo en dirección La Plata–Buenos Aires. El problema fue que las indicaciones no eran muy claras. Eran más ambiguas que certeras, y cuando uno no está empapado en el tema… no le alcanza con algo tan vago como un cartel: Quilmes y Buenos Aires.
Creyendo entonces que me llevaba para mi casa (vivo en el partido de Quilmes), subí a la autopista… y recién pude salir al llegar a Dock Sud.

Me desvié casi 20 km, me atrasé casi media hora. Todo por malinterpretar una señal que, para mí, no fue clara o eficiente.

¿Para qué son las señales, sino para darte una indicación, para marcarte un camino?
Otra vez me pasó, volviendo de Tandil, quedarme sin GPS, y no había ni un cartel que me ayudara a seguir…

Los milagros son eso: señales. Algunos pueden creer que son un fin en sí mismo, que llegan a Cristo para recibir un milagro, y que si no pasa, entonces Dios no está. Pero los milagros son solo señales que muestran el camino, que te indican: es por ahí.

Las profecías son señales. Su cumplimiento demuestra que esa era la dirección; su revelación, que Dios se está manifestando.

Pero hay otras señales que son menos… espirituales. ¡O no!
Al menos, menos sobrenaturales… ¡o no!

Una señal puede ser un llamado, una respuesta, un silencio.
Una señal puede ser una palabra, una visita, un regalo.
Una señal es todo aquello que te lleve a entender la manera en que Dios está hablando, lo que Dios te está diciendo, lo que te está pidiendo o lo que espera de vos.

Acostumbramos a pedir confirmaciones, cuando lo que tendríamos que hacer es estar atentos a las señales. ¡Como el hombre del cántaro! ¿Te acordás? Al seguirlo, los discípulos supieron dónde tenían que preparar el seder de pésaj, para la última cena de Jesús. (Lucas 22:10-12)

Jeremías tenía que seguir una indicación de Dios. No tenía muy en claro el momento ni si, en realidad, Dios le había hablado.
Sí, hasta Jeremías dudó en una oración. Eso no lo hizo menos profeta, pero estuvo atento a las señales de Dios.

Entonces apareció alguien, un primo, y con él, le cerró todo. No dudó ni esperó más, solo dijo:
“Con esto reconocí que esta era palabra del Señor” (Jeremías 32:8), e hizo lo que tenía que hacer.

No busques confirmaciones.
No plantes “vellones” (Jueces 6:36-40).
No dependas de profetas ni de “ungidos siervos del Señor” (ironía, eh).

Prestá atención a las señales. Dios no trabaja en Vialidad: sus indicaciones son claras.

No pierdas detalle de las distintas formas en que Dios habla.
Pedile, como David: “Haceme entender” (Salmo 119:27),
y mantenete despierto a lo que Dios te va a mostrar.

No seas un ignorante, reconocé que sos… ignorante.

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