Eran palabras para un joven. Un joven de otra época y cultura, pero un joven. Tampoco era cualquier joven: tenía unos cuantos años de entrenamiento en el tema, pero seguía siendo un joven. Si lo medimos en relación con la expectativa de vida de la época, era un joven adulto. Pero era un joven.
Pero como dije, no era cualquier joven: era discípulo de Pablo, y ya pastor y obispo de las iglesias de Éfeso. Desde chico había sido instruido y formado por su madre y su abuela (2 Timoteo 1:5), mujeres sabias que entendían la importancia de guiar a los hijos y a los hombres en el camino del Señor. Eso había dado como resultado un hombre joven con una fe genuina, “no fingida” (2 Timoteo 1:5).
Ya que estamos terminando el Día de la Madre, aprovecho para bendecir a las madres cristianas que son las primeras maestras, líderes y discipuladoras de sus hijos y futuros ministros.
Volviendo a Timoteo —de él estamos hablando—, era un joven, pero era pastor. Es una palabra para jóvenes, pero también para líderes, para un pastor, para un creyente.
Le dice Pablo: “Ninguno tenga en poco tu juventud…” (1 Timoteo 4:12). Ok, le habla a un joven que está viviendo una situación complicada por el solo hecho de ser joven. Me corro de acá, me voy a la siguiente parte del versículo: “…sino sé ejemplo.”
Esto ya no es exclusivo del joven. Es más: al joven le está diciendo “a pesar de que te descalifiquen, vos sé ejemplo.”
Si vos, joven, estás leyendo esto, no permitas que nadie te señale por un aspecto natural de tu etapa de vida. Es casi lo mismo que descalificarte por tu sexo, tu nacionalidad o tu idioma. No lo permitas. Pero no te quedes ahí. Vos, joven, “sé ejemplo.”
¡Y no es solo para el joven, eh! Si sos adulto, no tenés el problema de la descalificación por tu edad. A lo sumo te dirán “ya estás viejo”, pero no te van a menospreciar por tu juventud. A vos, sin excusas: “¡Sé ejemplo!” Ejemplo para tu entorno en tu forma de vida como creyente.
Continúa: “Sé ejemplo de los creyentes…”
En otras palabras: un creyente ejemplar. En otras palabras: un modelo para que los creyentes imiten y quieran copiar. En otras palabras: poné en práctica el evangelismo silencioso: que tu comportamiento muestre a los demás que Dios es real, transforma, bendice y nos lleva a vivir en plenitud.
Pablo no se conforma simplemente con una exhortación, sino que es específico: “Sé ejemplo… en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”
Una vida transformada por el poder de Dios. Una vida que ha tomado decisiones. Una vida (mucho más si sos joven) que no se rige por la costumbre ni la tradición, sino que hace lo que sabe que tiene que hacer.
Ese pasaje siempre ha sido una guía en mi ministerio. Comencé siendo líder y pastor de jóvenes, y 1 Timoteo 4:12 siempre estuvo presente. Posteriormente, ya pastoreando una iglesia, la primera reunión de jóvenes giró sobre “que nadie tenga en poco…”, pero haciendo hincapié en “¡sé ejemplo!”
El llamado sigue siendo el mismo. Ya no soy líder ni pastor de jóvenes, aunque sigo siendo líder y pastor de jóvenes. Pero la instrucción es para toda la iglesia: joven, adolescente, adulto, anciano, niño: “¡Sé ejemplo!”
Seguramente habrá muchas cosas por las que alguien pudiera señalarte y tenerte en poco. “Nadie es perfecto”, se dice, y es una realidad.
Posiblemente vos mismo te veas como que “no das la medida”, por enfocarte y dejarte guiar por tus miserias.
Pero, a pesar de lo que sientas, veas o escuches, Dios te sigue diciendo: “Que nadie te menosprecie, que nadie te tenga en poco…”
Dios le tuvo que decir a Jeremías: “¡No digas que sos niño!” (Jeremías 1:7).
Ni tu edad, ni tu sexo, ni tu nacionalidad, ni tu lengua, ni tu capacidad, ni tu origen, ni tu entorno, ni tu nivel social o económico impiden que Dios obre en vos y a través de vos; y, por el contrario, pueden potenciar tu testimonio silencioso.
Joven, niño, hombre, mujer, adulto, adolescente… ¡Sé ejemplo!
