Intenciones

“Lo que vale es la intención” suele decir el mediocre para justificar su negligencia, ineficiencia o ineptitud. (¡Ah, pero arrancamos fuerte!) Pero, por supuesto, no es así.
Si bien es cierto que se debe valorar el esfuerzo, si bien es verdad que cuando ves que el otro está dando todo de sí es valorable, no siempre alcanza con la intención.

Dice un viejo dicho del refranero evangélico que “el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”, precisamente por eso: porque no alcanza con las intenciones, sino que lo importante es el resultado.

Dice Proverbios que: “Como las nubes y el viento sin lluvia, así es el hombre que presume de dar, pero nunca da.” (Proverbios 25:14)
Siempre me gusta comparar esto con el esposo que promete flores, pero nunca lleva. ¡O con el creyente que canta “Aleluya” pero no alaba a Dios de corazón y con pasión! (“Aleluya” significa: alaben a Dios con gozo).

Lo que vale no es la intención, ni alcanza con las buenas intenciones, porque hasta puede haber graves consecuencias por una “buena intención”: meter mano en lo que no entendés puede salir bien si no hay riesgo de vida o por pura casualidad, pero también te puede salir muy mal.

Pero, increíblemente, en algunos casos sí lo que vale es la intención (entramos en las aparentes contradicciones de la Biblia). La intención cuenta para reconocer cuál es tu motivación al hacer las cosas:

¿Por qué servís al Señor?
¿Por qué, o para qué, congregás?
¿Por qué evangelizás, hablás de Cristo?

¿Es para seducir a Dios? ¿Para ganar su corazón?
¿Es para recibir beneficios? ¿Para obtener alguna ganancia?

¡Ganancias! Ese es otro tema: ¿está mal recibir algún beneficio económico por el evangelio?
Dicho así, la respuesta automática es no. Dicho de esta manera, se activan todos los sensores legalistas religiosos evangélicos. Dicho así, estamos sugiriendo lucrar con el evangelio.

Pero la Biblia dice en Deuteronomio 25:4: “No le pondrás bozal al buey que trille.” Enseñando que el que trabaja haciendo la obra del Señor puede recibir la paga de su trabajo.
Así como dice también 1 Timoteo 5:17-18: “Los ancianos que gobiernan bien deben considerarse dignos de doble honor, mayormente los que se dedican a predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: ‘No pongas bozal al buey que trilla’, y: ‘Digno es el obrero de su salario.’”

Y volvemos a la motivación e intención.

¿Está bien recibir un salario por hacer la obra de Dios? Sí.
¿Está bien hacer la obra de Dios para recibir un salario? No.

Jesús dijo en Juan 10:12-13: “Pero el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, huye y abandona las ovejas cuando ve venir al lobo, y el lobo las arrebata y las dispersa. Al que es asalariado, no le importan las ovejas.”
El que se preocupa por la obra es digno de recibir un salario.

Las intenciones no cuentan, pero lo que vale es la intención.

¿Cuál es tu intención?
¿Cuál es tu motivación?

Dice también Salomón: “Cada cual cree que lo que hace está muy bien, pero el Señor es el que juzga las verdaderas intenciones.”
(Proverbios 21:2)

Dejar un comentario