Oportunamente oportuno

No voy a decir que sea la virtud más valiosa o noble que existe, porque debe haber otras, seguramente, que la sobrepasan. Pero ¡qué importante es ser oportuno!

La oportunidad (y no hablo de esas opciones que se nos presentan y que no debemos dejar escapar) debería estar en la lista de dones espirituales. Porque, realmente, no solo que es valiosa, sino que ¡los desastres que puede causar cuando no está presente!
Sí, ser inoportuno debe ser una de las peores falencias de una persona, y toparse con uno es un pasaporte a la tierra del conflicto.

¿Viste cuando te encontrás con alguien que no ves hace mucho y le preguntás por su madre, padre, pareja, hijo… y resulta que murió?
¿Viste cuando llegás vestido de gala a una reunión informal?
¿O cuando te presentás re croto a la entrevista de trabajo, y era para un puesto ejecutivo?

Oportunidad y ser oportuno tiene que ver con hacer lo justo en el momento justo, en el lugar justo.

Así sucede con las palabras: ¿qué decir en un velorio? Creemos que tenemos que dar la gran respuesta del cielo y solamente repetimos frases hechas que parecen de sobrecito de azúcar. Se te metió la idea de que tenés que decir “la palabra” que consuele, conforte y calme el corazón; cuando tal vez lo único que tengas que hacer es estar (y no abrir la boca).

Me pasa con la prédica: ¿qué decir? ¿De qué hablar? Me pasa cada día con estas reflexiones: ¿qué es lo apropiado? ¿Qué es lo oportuno? Y, navegando entre lo que Dios me habla y lo que pienso que te puede hablar, surgen estas líneas.

Por eso, creo, Salomón dijo: “Decir la palabra adecuada en el momento preciso es como manzanas de oro servidas en bandeja de plata” (Proverbios 25:11).

Lo de “manzanas de oro en bandejas de plata” es algo demasiado top hasta para pensarlo. Es digno de alguna casa real europea o de la historia de las monarquías y los hipermillonarios.
Son esas cosas que hoy vemos en series o documentales y que nos asombran de tanta opulencia.

Bueno, a eso compara Salomón el decir “la palabra adecuada en el momento preciso”.

Hoy estoy así, dando vueltas con cuál es “la palabra adecuada” para esta noche. Incluso tardé en empezar a escribir esta reflexión porque no encontraba la apropiada. Me iba a ir por otro lado: el tema de la importancia que le daba Pablo a los pergaminos (rollos del Antiguo Testamento) que se había dejado olvidados en casa de Carpo, en Troas (2 Timoteo 4:13).
Hasta que entendí que, si no encontraba la palabra oportuna, tenía que hablar ¡de la palabra oportuna!

¿Cómo saber? ¿Cuál es el manual, el curso, el coaching para dar la palabra adecuada?
¿Cómo se reconoce, cómo se aprende, cómo se dice esa palabra oportuna?

¿Sos oportuno para hablar? ¿Qué impacto producen tus palabras? Los que te escuchan, ¿se sorprenden, se asustan, son bendecidos o te cierran la puerta en la cara?

Busquemos la sabiduría: es más valiosa —dice la Palabra de Dios— que las joyas y las riquezas (Proverbios 8:11).
Buscá sabiduría, para hablar con propiedad y para decir “la palabra adecuada en el momento preciso”.

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