Te confieso que iba a hablar de Proverbios 26:11. Es día de elecciones, y es un día en el que hay que tomar decisiones.
¿Con qué criterio lo vas a hacer? ¿Qué razón va a prevalecer?
¿Vas a poner la ideología por delante de la fe, o la Palabra de Dios por encima de la militancia?
Es complicado, es cierto, pero el punto es… ¿volvés a comprar un auto que dejó de funcionar?
¿Volverías a casarte con tu ex?
¿Te olvidaste de lo que te hizo y solo recordás los momentos agradables?
“El perro vuelve a su vómito”… ¿sos perro o sos Iglesia?
Pero no te voy a hablar de eso, sino del versículo 6.
Nunca usé ese texto, al menos no que recuerde.
Pero hoy me habló. Hoy me fue de advertencia y de enseñanza.
Dice: “Mandar un mensaje por medio de un tonto es como amputarse las piernas o meterse en líos.” (Proverbios 26:6, PDT)
Me hizo pensar en la importancia del mensaje.
Dios nos llamó y nos puso para dar un mensaje.
No cualquier mensaje, sino el de la Palabra de Dios: la buena noticia (evangelio) de salvación.
¡Qué importante ser eficiente en el mensaje a dar!
¡Qué importante saber a quién mandar para dar un mensaje!
¡Qué importante formar en la Palabra para dar el mensaje, para que sepan darlo y cómo hacerlo!
Justamente anoche compartía las palabras de Pablo a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, encárgaselo a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
(2 Timoteo 2:2)
Esa es a modo de advertencia. Pero como enseñanza, digo…
¿Dios se equivocará al elegir a sus mensajeros?
¿No prestará atención a la capacidad o preparación de quien va a “anunciar las buenas noticias”?
¿Será que tal vez a Dios no le importa mucho el resultado?
¿Qué pensás?
Bueno, no, no pienses así. No es así.
El solo hecho de que Dios te llame, o te haya llamado alguna vez, demuestra que tenés las condiciones para cumplir con ese llamado y responder a lo que Él espera de vos.
¿Te equivocaste? ¿Te descuidaste?
¿Pusiste el foco en tu limitación más que en quien te capacitó?
Si fue así, pedí perdón (sí, porque corriste la mirada del Señor) y conectate nuevamente con tu llamado.
Dios no busca tu capacidad.
Dios no busca tu intelecto.
Dios no busca tu profesionalismo.
Dios busca lo que Él puso en vos: espíritu, unción, llamado, visión.
Todo lo que tenés que desarrollar y acrecentar, lo que tenés que poner en práctica y hacer dar fruto.
Pero lo que Él puso en vos…
No mires tus falencias.
No te limites por tus limitaciones.
No te condiciones por tus fracasos.
No hagas caso a tus miserias.
Poné tus ojos en el Señor…
“Ve con la fuerza que tienes”, dice el Señor.
(Jueces 6:14)
