Nunca le presté tanta atención a Timoteo y Tito como en esta vuelta. No digo que nunca les haya dado importancia —¡son epístolas pastorales!—, súper relevantes para el liderazgo y el ministerio; pero en esta ocasión veo una dirección más marcada.
Si tengo que hacer caso a la forma en que Dios se mueve (hay que hacer caso a la forma en que Dios se mueve), tengo que tomar esto como una señal. Sabés que no soy partícipe de buscar señales, pero cuando están, hay que aprender a reconocerlas.
Creo que son la indicación para este nuevo tiempo, esta nueva época. Creo que tenemos una deuda en la formación de un liderazgo firme y representativo, que mire más allá de sus gustos, deseos y metas personales.
Como le dijo a Timoteo: “Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza, que estén capacitadas para transmitirlas a otros.” (2 Timoteo 2:2)
Y remata con: “Soporta el sufrimiento junto conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús.” (v.3)
Toda una confrontación para el liderazgo… y para su pastor.
Y las palabras a Tito, el obispo de Creta, no son menos fuertes. Bueno, algunos pasajes de Tito y Timoteo son casi iguales por lo que ya mencioné: son epístolas pastorales, y Pablo les está escribiendo a dos nuevos pastores de pastores del Asia Menor (Éfeso, en Turquía, y Creta, en Grecia).
“…preséntate tú mismo en todo como ejemplo de buenas obras, y muestra en la enseñanza integridad y seriedad…” (Tito 2:7)
Creo que si fuera una descripción de habilidades o requisitos para un puesto en una entrevista laboral, ya quedamos descalificados antes de empezar. Es como ese viejo chiste (malo) que dice: “Inútil presentarse sin experiencia”, y un inútil va contento porque no tiene experiencia… (yo avisé que era malo).
Primero: como digo siempre, el Reino de los Cielos es acción, y se requiere de nuestra intervención. No alcanza con que nos vean siendo vidriera (que lo somos), sino que debemos ponernos en esa vidriera, a la vista de los demás.
Segundo: ¿Cómo hacés para ser ejemplo en todo? ¡Wow! ¿Cómo hacés para “presentarte como ejemplo”? ¡Re wow!
Tercero: Es real que “Dios preparó de antemano buenas obras para que andemos en ellas” (Efesios 2:10).
¿¡Pero ser ejemplo de ellas!?
Cuarto: Lo de “integridad y seriedad en la enseñanza” creo que lo apruebo. No sé si me sacaré un 10, pero con la Biblia no se juega.
Ahora, si llamás ser serio a no hacer chistes, estoy perdido… pero si se trata de hablar en serio, hablamos en serio.
Lo mismo con la integridad, que tiene más que ver con la convicción que con la exactitud. Si enseñás algo que sabés que no es así, que está mal, no sos nada íntegro; pero si enseñás algo que quizás no es del todo correcto, pero lo hacés con convicción, aunque sea un error, hay integridad en vos.
Creo que un 2,50 o 3 me saco. ¿Alcanza?
Definitivamente, como ya sabrás, “somos un espectáculo al mundo” (1 Corintios 4:9). Estamos puestos para ser vistos, para alumbrar (Mateo 5:16), para mostrar a Dios (1 Pedro 2:9), para anunciar (misma referencia), para “dar sabor” (Mateo 5:13).
¿Qué ve la gente en vos?
¿Qué ve la gente de vos?
¿Qué se piensa de vos?
¿Qué se dice de vos?
¿Estás siendo ejemplo?
Eee… perdón… ¿ejemplo de qué…?
“Y sé tú mismo un ejemplo para ellos al hacer todo tipo de buenas acciones. Que todo lo que hagas refleje la integridad y la seriedad de tu enseñanza.”
(Tito 2:7 NTV)
