De Planes y Pañales

¿Cuál es la función de la familia? O sea… ¿para qué existen las familias?
¿La familia surgió como parte de la evolución o hay un plan involucrado en su existencia?
¿Qué pensás: fue creada o simplemente apareció?

Si encaro el tema de la evolución me voy a desviar del tema, así que solo voy a hacer una mención: el surgimiento de la humanidad es parte de un plan y no solo una casualidad biológica. Punto. Ahora, partiendo de este “dogma”, hablemos de la familia.

La Biblia muestra que la familia también fue creada. Dios le dio a Adán una esposa porque sabía, desde antes de crearlo, que el tipo solo… no serviría para nada. O nada productivo, al menos. Al crear a Eva se forma un tándem ejecutivo que se va a encargar de administrar todo lo creado y procrear a toda una raza que poblaría la tierra.

Por lo tanto, la aparición de los hijos es parte obvia de este plan de multiplicación del que ambos estaban a cargo (Génesis 1:28). Y así como ellos fueron instruidos por Dios, deberían encargarse de instruir a sus hijos. ¿Muy básico todo esto? Sí, pero parece que no…

En las últimas décadas, y con una tendencia en aumento, las familias olvidaron su función y propósito: multiplicarse y enseñar. Y sobre todo enseñar.

Sí, sobre todo enseñar, porque son muy pocas las especies que abandonan a sus hijos a su suerte. Se da en algunos peces y en muchos insectos, pero no en los humanos. Es más, si lo analizás fríamente, el ser humano es ¡el único! que no puede valerse por sí mismo al momento de nacer y que necesita alrededor de un año para empezar a caminar.
¿Creés que es una falla evolutiva o que Dios se equivocó?

En absoluto, para nada. Ese año de vida “dependiendo” de sus padres forma a la nueva persona en carácter, emociones, sentimientos y aun moral. Es lo que te hace “humano” en el sentido ético, más allá de una simple secuencia de ADN. Es lo que te da valores, y en el corazón de la familia tradicional se van equilibrando los aspectos femeninos y masculinos que “hacen” a la persona, para que, así como Jesús era “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14), así seamos formados en carácter, firmeza, valores, principios, sensibilidad, contención, cuidados, afectos y amor.

Salvo que quieras ser un Tarzán.

¿A dónde voy con todo esto? No es una clase de biología, ni sociología, ni la vieja “Formación Moral y Cívica”, solamente un pensamiento a partir de Proverbios 29:17: “Corrige a tu hijo y vivirás en paz; te sentirás orgulloso de él.” Tener hijos implica formar, instruir, enseñar… y corregir.

Hoy en día los padres tienen miedo de corregir a sus hijos. Nos han bombardeado con ideologías que en vez de formar deforman. Hay que aceptar, entender, pedir permiso y por favor. No hay que disciplinar, hay que dialogar; no hay que confrontar, hay que dejar que fluya.
¿Resultado? Una generación débil y fácilmente manipulable (para ser presa fácil de las mismas ideologías que las formaron).

También está el factor de la culpa. La economía obliga a que los padres estén ausentes, que pasen casi todo el día fuera de su casa. Eso hace que esos hijos sean “criados” por terceros. Cuando volvés a casa… ¡no tenés ganas de corregir y no querés que tu hijo te odie!
¡Y ni que hablar cuando el padre realmente es ausente y la madre tiene que encargarse de todo lo demás!
¿Resultado? “Ingratos y desobedientes a los padres” (2 Timoteo 3:2-4). ¿Casualidad? No. Parte de un plan.

No nos damos cuenta de que cuando no seguimos el plan de Dios, cuando creemos seguir nuestro perfecto plan y dejamos de lado la forma de Dios, estamos siguiendo otro plan, que va en contra de Dios. Ya lo dijo Jesús: “El que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30). Y también Proverbios 29, pero el verso 18 en la PDT: “¡Afortunada la nación que obedece la ley de Dios!”

Seguro tenés razones para pensar distinto. Seguro que tenés razones para no corregir a tus hijos. Seguro que estás haciendo lo mejor y seguro que tus intenciones son valiosas…
Pero también es seguro que vas por mal camino hacia un mal destino

“¡Corrige a tu hijo y vivirás en paz; te sentirás orgulloso de él!”

¡Qué placer sentirse orgulloso de los hijos!
¡Qué delicia verlos crecer!
¡Qué orgullo verlos formarse como hombres y mujeres de valores, compromiso y fe!
¡Qué lujo verlos soltarse, tomar su camino, con sus decisiones, con los patrones y principios que les inculcaste!

¿Querés sentirte así? Enfocate en el plan de Dios. Formá a los cristianos de la próxima generación.

¡Ah! ¿Que no tenés hijos? No importa… tomá nota para cuando los tengas y, mientras tanto, dejate moldear por la mano de tus padres, guías, líderes, mentores, pastores.

¡Ah! ¿Que ya sos adulto y no tenés hijos? No importa… buscá contener, guiar, consolidar y enseñar el camino del Señor para que también “vivas en paz y sientas orgullo” por una tarea cumplida y una vida en plenitud.

La familia no existe solo para sobrevivir, sino para reflejar el Reino y reproducir discípulos (no solo biológicamente, sino espiritualmente).

Corregir es cuidar. La verdadera paternidad no busca aprobación, busca formación.

La batalla cultural actual es espiritual y doctrinal.

“Enseña al niño a seguir fielmente su camino, y aunque llegue a anciano no se apartará de él.” (Proverbios 22:6 RVC)

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