De Legalismos y Reformas

En el capítulo de hoy de mi cruzada anti legalismo religioso, le toca el turno a la empatía y las tentaciones.
Parecen conceptos muy distantes, y obviamente diferentes, pero están más cercanos y relacionados de lo que imaginás. Y no solo eso: hoy, particularmente, trabajan en equipo.

Corresponde también que haga mención a la Reforma Protestante, de la que hoy se cumplen 508 años, porque la misma motivación tenía Lutero (calma… ni ahí me comparo con el monje alemán): denunciar y derribar la estructura religiosa de la época, que iba a contramano del espíritu del evangelio y de los principios bíblicos.

Así como Jesús confrontó y condenó a los líderes judíos que ponían cargas sobre la gente imposibles de llevar (Mateo 23:4), Lutero expuso y criticó las exigencias y requisitos que el Vaticano imponía sobre los creyentes para, por ejemplo, ser salvos… muchas cosas de las cuales la estructura evangélica de hoy intenta mantener o reponer, bajo el manto de la “sana doctrina”.

Que la música no cristiana es pecado.
Que las amistades no cristianas son pecado.
Que vestirse “a la moda” es lujuria (pecado).
Que un tatuaje “destruye” el templo del Espíritu (¡pero la comida chatarra no, eh!).
Que las luces de colores en la iglesia ofenden la santidad de Dios porque simulan una discoteca (¡ni idea tienen de lo que es un boliche!).

¿Sigo?
Que el pantalón es del diablo, que la iglesia imita al mundo (bueno, un poco sí), que los piercings, el reguetón y el heavy metal
Que enfrentar una tentación es lujuria y muestra tu condición. Que si te atrae lo inapropiado sos un perverso. Que si tenés una debilidad, nunca conociste al Señor…

¡Aaaaayyy!

Sí. Me duele la hipocresía, la religiosidad y las lenguas venenosas “alimentadas por el infierno” (Santiago 3:6).
Los mismos que niegan los desiertos, ignorando que Jesús fue llevado a uno (Mateo 4:1), son los que niegan que Jesús fue tentado.

Sí, “tentado en todo” dice Hebreos 4:15, expuesto a todo. Porque, después de todo, Jesús se despojó de su divinidad (Filipenses 2:6-7) y anduvo entre los hombres (Juan 1:14) como un hombre más.
“Sin pecado”, agrega Hebreos, donde te demuestra que la tentación no implica pecado.

Que te sientas tentado.
Que te sientas atraído.
Que tus pasiones se activen.
Que tus sentidos estén alertas.
Que sientas un deseo ¡irrefrenable! de caer en tentación… no es pecado.

El pecado requiere la comisión (no hablo de un grupo de personas que se reúnen para organizar un evento, no). La tentación se convierte en pecado cuando se la lleva a la acción.

¿Y qué tendrá que ver la empatía con todo esto?
Bueno, en primer lugar, empatía tenés que tener vos con quien fue o es tentado.
Tenés que dejar de juzgar, criticar o chusmear, porque a vos también te puede pasar. Tenés que dejar de hablar del pecado del otro solo porque está más a la vista que el tuyo o porque vos sos más experto en ocultarlo.

Pero la empatía también la tuvo Jesús.
Dice otra vez Hebreos, pero ahora en 2:18: “Puesto que él mismo sufrió la tentación, es poderoso para ayudar a los que son tentados.” Cuando sos capaz de aceptar que Jesús fue tentado, entonces podés recibir la ayuda y fortaleza de quien tiene todo el poder.

Se suele decir que ¡quién mejor que el que pasó por un lugar, para saber cómo evitarlo y conocer ese lugar!
Bueno, Jesús sufrió tentación y por lo tanto te entiende

Entiende tu lucha.
Entiende que te cuesta.
Entiende que es difícil.
Entiende que querés ceder.
Si hasta él quiso evitar la cruz… (Lucas 22:42)

¿Estás luchando?
¿Estás peleando?
¿Te estás sintiendo caer?
No escuches a los religiosos, no prestes atención a los profetas del fracaso, no hagas caso de los guardianes de la sana doctrina…
Poné tus ojos, fijá tu mirada en Jesús, que es “poderoso para ayudar a los que son tentados.”

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