“El perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). Texto conocido si los hay, que forma parte del refranero evangélico y que apunta a concientizar en la fe y la confianza.
Como somos seres “humanos”, y por lo tanto “naturales y mortales”, nos cuesta (bastante) entender lo espiritual. Me impactó hoy, por lo gracioso, un texto de Hebreos 5 en una versión moderna, que dice: “Acerca de esto tenemos mucho que decir, aunque no es fácil explicarlo porque ustedes son lentos para entender.” (Hebreos 5:11 RVC). ¡Lentos para entender! (¿Nos dijo tontos?). No tontos, en realidad, sino… humanos.
Es que “lo espiritual se discierne espiritualmente” —dijo Pablo, otro integrante del mismo refranero— en 1 Corintios 2:14, y es una triste realidad: estamos más conectados, por historia y biología, a nuestra realidad humana que a la espiritual, con la que compartimos menos años de existencia y que requiere enfoque para vivir y experimentar.
Por eso enfocamos cosas como “la fe” solo en lo espiritual. Así como creemos, o pensamos, que Dios está para lo espiritual, lo divino y lo eterno, y no para lo cotidiano, para el conflicto diario, la duda sobre una inversión o un negocio, o la sabiduría para arreglar una canilla.
Malinterpretamos lo “todopoderoso” de Dios, pensando, creyendo, que aplica solo a lo relativo a la salvación, a la iglesia, a lo divino y al ministerio; cuando esa salvación afecta al ser integral (1 Tesalonicenses 5:23).
Haciendo un poco de fuerza, creemos y aceptamos que Dios sana y que Dios prospera. Después de todo, es una manifestación sobrenatural. Pero cuando vamos a lo simple… ¿seguimos creyendo en el poder de Dios?
Confiamos en Dios, pero desconfiamos de la gente.
Confiamos en Dios, pero andamos con temor.
Confiamos en Dios, pero damos una vuelta a la manzana antes de entrar el auto.
Confiamos en Dios, pero ponemos alarma y monitoreo.
Confiamos en Dios, pero ponemos tres cerraduras sobre la puerta blindada.
¡Por supuesto que no estoy diciendo que vivas con todo abierto, invitando a la delincuencia!
¡Por supuesto que creo que también Dios nos da entendimiento para saber cómo y cuándo actuar, ya que hemos “ejercitado los sentidos” (Hebreos 5:14)!
¡Por supuesto que no digo que duermas con la puerta abierta de par en par!
Pero por supuesto que te digo que confíes en Dios.
Dice Proverbios 3:25-26: “No hay por qué temer la calamidad repentina ni la destrucción que viene sobre los perversos, porque el Señor es tu seguridad.”
Ayer te decía que la Palabra pierde su poder si no se le aplica la fe.
Hoy tengo que volver a decirte: que si sos cristiano… tengas fe…
Dejemos el tema “seguridad”, porque es algo muy específico. Pero ¿cuánto creés en Dios? ¿Cuánto le creés a Dios?
¿Qué áreas de tu vida le permitís gobernar? O al menos… ¿entrar?
¿Qué cargas, qué situaciones, qué conflictos dejás en las manos de Dios?
¿O sos de los que se encargan de todo y le dan a Él los restos para que haga algo, o las ruinas para que las repare?
Poné tu confianza en Dios.
Creé en Dios.
Creele a Dios.
“Confía de todo corazón en el Señor
y no en tu propia inteligencia.
Ten presente al Señor en todo lo que hagas,
y él te llevará por el camino recto.”
(Proverbios 3:5-6 DHH)
