Indiferentes

Obviamente, todavía falta para el tiempo del fin. Una de las señales es que la gente “tendrá hambre de oír la palabra de Dios” (Amós 8:11), y realmente no veo que eso esté pasando.

En realidad, no solo la palabra de Dios, sino nada que tenga que ver con enseñanza y formación. Me hace recordar una escena de Los juegos del hambre, casi al comenzar, que transcurre en un absurdo programa de TV lleno de ridiculeces y banalidades. Algo así como Bailando por un Sueño mezclado con Gran Hermano y alguna salpicadura de LAM: temas tan profundos e importantes como quién se acostó con quién o quién dejó de seguir a quién en Instagram.

Reconozco, admito, que hay algunos brotes verdes. Disfruto cuando los jóvenes de la iglesia, como hoy, me preguntan qué libro leer o qué podcast escuchar. Me da años de vida cuando veo adolescentes tomando nota de una prédica, y aún más, compartiendo de ella. Pero todavía no es algo masivo… ¿será el remanente?

Algunos creen y dicen que ahora se lee más. Cuentan como lectura los resúmenes en PDF de algunos libros; resúmenes que no pasan de títulos y algunas frases sueltas. Creen que se lee más porque todos “están todo el tiempo con el celular”, cuando lo que se hace no es leer, sino mirar. (Tenemos que aprovechar el impacto visual, tenemos que generar contenido que atrape para poder dejar un mensaje, tenemos que aprender a dar una palabra en 30 segundos y captar la audiencia para más).

Reconozco que soy parte de los culpables del no leer. En la iglesia le damos la Biblia servida en pantalla para no tener que buscarla, y eso genera vagancia. Pero creo que también soy parte de los responsables de que se lea: ya llevamos más de diez años de un ininterrumpido plan de lectura anual, que te hace sumergirte en la palabra de Dios. Claro, como decía la canción del corto de magia de Canal 13 allá por los 70… “el resto depende de usted…”

“Escuchen mi instrucción y sean sabios; no la pasen por alto”, dice Salomón personificando a la sabiduría en Proverbios 8:33. Si en 970 a.C. había que incentivar a prestar atención a la palabra… ¡qué nos espera en el siglo XXI!

Tenemos el privilegio de tener a la mano las riquezas de la sabiduría de Dios (Romanos 11:33); tenemos el privilegio de vivir en la era de la información y, ahora, la inteligencia artificial. Pero, como todo lo que abunda, pierde su valor… no le damos la importancia que tiene.

¿Sabías que hubo épocas en las que la gente mataba por poder leer la Biblia? ¿Sabías que hubo épocas en las que la gente moría por querer leer la Biblia? ¿Sabías que en el siglo XVI la Iglesia se oponía a la impresión de la Biblia? ¿Sabías que, en esa época, estaba mal visto estudiar por tu cuenta la palabra de Dios?

“No la pasen por alto”, dice Salomón. Lo mismo, casi, que dice Santiago sobre el leer o escuchar la palabra de Dios: que no la tomes a la ligera, sino que la tomes en cuenta para que opere en vos una transformación.

¿Cuál es tu relación con la palabra de Dios?
¿Qué lugar le das en tu vida?
¿Cuánto tiempo le dedicás a leerla y estudiarla?
¿Hacés un autoanálisis después de leerla?
¿Intentás llevar a cabo sus enseñanzas?

¡No la pases por alto!

“El que oye la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira a sí mismo en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto se va, se olvida de cómo es. En cambio, el que fija la mirada en la ley perfecta, que es la ley de la libertad, y no se aparta de ella ni se contenta solo con oírla y olvidarla, sino que la practica, será dichoso en todo lo que haga.”
Santiago 1:23-25

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