Empatía

Recuerdo una experiencia que viví en mis primeros años en el Señor. No era muy ducho; realmente era un novato y había cosas, muchas cosas, que obviamente no entendía.

Muchas de esas cosas estaban mal. Eran erróneas. Eran arrastre de viejas doctrinas legalistas que, gracias a Dios, ya no siguen en uso (espero).

Pero al ser novato, las tomaba como correctas, aunque no estuviera de acuerdo. Después de todo, era discípulo y no maestro; no estaba para enseñar, sino para aprender.

Me formé con ese criterio y, por mucho tiempo, liderando ya, me movía en esa dirección: todo era pecado, y el pecado debía ser descubierto, señalado, expuesto y condenado.

¿Cuál fue la situación? Una joven —no adolescente— que hacía poco se había entregado a Cristo se encontró con su ex novio y… ya sabés: recordaron viejas épocas haciendo exploración anatómica.
Sí, tuvieron relaciones.

Como suele suceder en esos casos, ella sintió culpa. Reconoció su error, su pecado y se arrepintió. Según la enseñanza, fue a hablar con “un anciano” de la iglesia y se topó con el hermano Czyzyk…

El ruso (o ucraniano, polaco o yugoslavo) sería bien jugador de bochas, porque de un solo tiro la bochó:
—¡Usted ha pecado! —gritó.

Sí, todos los presentes se enteraron de que fulanita se había acostado con algún fulano y, por lo tanto, la ‘santa iglesia y la sana doctrina’ habían sido resguardadas.

¿Sí? ¿Tan así? Algo que aprendí con el correr de los años (unos cuantos) es a ver las cosas a través de los ojos de Dios. Tal vez fue la influencia de Jaime Murrell con “Ayúdame a mirar con tus ojos…”, o simplemente la empatía de ver a Jesús “tener compasión de la gente” (Mateo 9:36).

Compasión. Suena a “con pasión”, pero también a “pasión en común”: sentir lo mismo, que es algo que también define a Jesús y al evangelio (Hebreos 4:15).

Tengo mis serias dudas sobre el rol de la iglesia como policía de la santidad y detective del pecado.
(Mentira, no tengo ninguna duda: la iglesia no está llamada a escarbar pecado, sino a anunciar salvación).

¿Cómo fue la relación de Jesús con el pecado?
¿A cuántos condenó y mandó al infierno?
¿Indagaba sobre la conducta humana?
¿O simplemente les decía: “Cree solamente” (Lucas 8:50) y “Vete, y no peques más” (Juan 8:11)?

Sí. Dios rechaza el pecado.
Sí. Dios condena el pecado.
Sí. El pecado fue la causa de la perdición de la humanidad.
Sí. Dios es fuego consumidor.
Pero sí… Dios es amor, su misericordia permanece para siempre, y mientras el castigo por la maldad llega hasta la cuarta generación, la bendición por seguirlo y amarlo llega a mil. (Éxodo 20:5-6; Deuteronomio 7:9).

Ezequiel fue el encargado de transmitirle a Israel el juicio de Dios. Vemos a un Dios hastiado de un pueblo rebelde. Ya te dije: le dijo cosas que hoy serían censuradas en las iglesias (sí, las iglesias son más santas que Dios). Le dijo cosas como: “Sos peor que las prostitutas; a ellas les pagan, vos pagás” (Ezequiel 16:33-34).

Obviamente, Dios le dio la espalda a Israel (como lo hizo con Jesús en la cruz, ¿eh?).

Pero en 20:17 dice: “Aun así, los perdoné. No les quité la vida ni los exterminé en el desierto…” (Ezequiel 20:17).

Si a los que lo hartaron los perdonó,
si a los que les dio la espalda no les quitó la vida,
si a los que lo desecharon no los arrojó al desierto,
si a los que se olvidaron de Él no los condenó…
¿por qué lo haría con vos?

Y si no lo hizo con vos… ¿por qué lo haría con el otro?

Dios no tiene detectives; Dios tiene siervos.
Dios no tiene policías; Dios tiene ministros.
Dios no tiene clientes ni esclavos…
Dios tiene hijos

“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31:3).

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