De Muebles e Inmuebles

Ando con ganas de querer cambiar la silla de mi oficina. Me parece que, como a todo, le llegó el tiempo de renovación. ¡No es por lujo, eh! Hace mucho ruido, está rota, es vieja, bah…

Creo que, a esta altura de mi vida, ya no me dejo seducir por “las cosas nuevas” ni andar detrás del último modelo de celular. Algunos se ríen cuando les digo que tengo un simple A53, cuando otros se enloquecen por el último iPhone.

El iPhone… ese es todo un tema. Hoy vi una publicación que me causó gracia realmente, más los comentarios que la foto en sí (los comentarios de la gente son para hacer un stand up).
Un muchacho publicó una selfie ante el espejo tomada con uno de esos de muchas camaritas, ¿viste? Parece que cuanto más camaritas tenga más sirve el celu y, obviamente, más dólares requiere (¡si supieran que solo es fachada!).

Bueno, los comentarios decían: “¡Tanto iPhone y no revoca la pared!”

Cuando no te movés con madurez, te dejás llevar por apariencias, por el último modelo y por cuántas cosas tengas, porque suman valor a tu vida (ponele). ¿Pero son esas cosas materiales las que te dan valor? Sí, a la vista de los ojos. Sí, para compararte con otros. Pero nada más que eso.

Estas son las cosas que se conocen como “bienes materiales” o, contablemente, “bienes muebles”. ¿Muebles? Muebles.

Mueble significa “movible”, que puede ser movido. Por eso las casas son “inmuebles”, porque no se pueden mover, y las venden las “inmobiliarias”.

¿En qué categoría entra mi silla? Es un bien mueble (y esta se re mueve). ¿La necesito? Sí. Realmente sí. Hay otros “muebles” que quisiera tener, pero no los necesito. Pronto viene mi cumple, por si les interesa saber; digo, nada, no sé… eso…

¿Querés un consejo? Cuando sientas el impulso de comprar algo solo por comprarlo, esperá unos días; si es una semana, mejor. Si después de una semana seguís pensando en comprarlo, avanzá. Lo más probable es que se te pase y hasta te olvides de eso.

¿Muebles o inmuebles? Bueno, según el fin con el que compres y la necesidad que tengas.
¿Compramos para tener?
¿Compramos para acumular?
¿Compramos para aparentar?

Una cosa hay que tener en cuenta: los bienes muebles son pasajeros. Como mi silla. Me di cuenta de que tiene casi 10 años de soportarme, así que le voy a dar vacaciones. Los bienes muebles pasan y nosotros quedamos.
Con los inmuebles es al revés. Los inmuebles quedan y nosotros pasamos. Si tenemos en cuenta que hay casas de más de 100 años y todavía están de pie, la respuesta a la pregunta anterior sería: conviene un inmueble antes que un mueble.

Ese era el consejo de los abuelos. De mis abuelos, por lo menos. Era una generación que creció entre guerras. En el caso de mis abuelos maternos, ellos se casaron después de la 1.ª Guerra Mundial y antes de la Guerra Civil Española. Tuvieron sus hijas durante la 2.ª Guerra Mundial y, al terminar esta y encontrarse en la miseria, decidieron mudarse a Argentina. Eran otros tiempos, otras necesidades y otros valores. Hoy no pensamos mucho en la casa propia porque es algo casi inalcanzable, pero en aquellos años lo más valioso era “invertir en ladrillos”, que no envejecen y te dan seguridad.

No quiero hacer de esto un coaching de economía, inversiones y finanzas, y mucho menos de desarrollo personal, pero sí que prestemos atención a lo que es más importante: ¿lo pasajero o lo permanente?

Dice Hebreos 12:27, hablando del tiempo futuro y nuestra relación con Dios, enfocado en reconocer el privilegio que tenemos de poder acercarnos a él: “…las cosas movibles, es decir, las cosas hechas, serán removidas para que permanezcan las inconmovibles.”

¿Y a qué llama “inconmovible” el autor de Hebreos? Al reino de Dios, al reino de los cielos, a la vida en ese reino, a vivir según los principios del reino.

Curiosamente (o no tan curioso), hay dos cosas más que la Biblia llama “inconmovibles” o que, aunque no las nombre así, dice que no serán perturbadas ni van a desaparecer: la palabra de Dios (Isaías 40:8) y el amor de Dios (1 Corintios 13:13).

También dice que “no nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. (2 Corintios 4:18)

¡Qué difícil!

¿En qué estás poniendo los ojos?
¿Hacia dónde llevás tu mirada?
¿Estás valorando lo eterno o te enfocás en lo temporal y pasajero?
¿Estás comprando muebles o un lugar en el cielo?

“Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.
Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios”
.
(Colosenses 3:1-3)

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