Hay un momento para cada cosa y no hay vuelta que darle. Hay cosas que tienen que ser hechas en un momento específico y que, si se hacen un poco antes o un poco después, ya no tienen sentido o pueden incomodar.
¿Podés llegar temprano a un cine o teatro? Podés. Es más, te conviene llegar temprano por cuestiones de acomodarte, etc. ¿Podés llegar tarde? Sí, en realidad podés (aunque en algunos espectáculos no te dejan entrar una vez empezado), pero llegar tarde te hace perder detalles, contexto o simplemente la continuidad de la obra.
¿Podés llegar temprano a una cita? Sí, más te vale. No te conviene hacerte la estrella porque vas a quedar mal parado. Y si llegás tarde… es un mal precedente. Proverbios 20:11 dice que tu conducta saca a luz tu personalidad (paráfrasis del texto).
Dicen sobre esto las normas de cortesía y protocolo que llegar 5 minutos antes es ser puntual, llegar a horario es llegar tarde y llegar tarde es como no haber ido.
¿Sirve de algo abrir el paraguas cuando dejó de llover? ¿Comerías pasta cruda o pasada? Hay un momento para cada cosa y actuar fuera de tiempo es estar fuera de lugar.
Obviamente, desde que empecé tengo en la cabeza Eclesiastés 3, y posiblemente vos también: “Todo tiene su tiempo,…” (Eclesiastés 3:1). O peor, como dice la NVI: “Todo tiene su momento oportuno”. Pero no te voy a hablar de ese versículo sino de Proverbios 20:4. En definitiva, todo muestra el hilo conductor de la Biblia, que es un libro de principios, que no se contradice y, al contrario, se confirma y demuestra a sí mismo. (O por lo menos la coherencia de Salomón que, en dos escritos diferentes, escribe lo mismo, je…)
“Los que por pereza no aran en la temporada correspondiente no tendrán alimento en la cosecha” (Proverbios 20:4).
Hay un momento para sembrar (dice Eclesiastés), pero para poder sembrar ¡hay un momento para arar! El arado tiene que hacerse previamente al tiempo de siembra, para que la tierra esté lista y reciba la semilla.
Los avances en agronomía y las nuevas tecnologías mejoraron esto muchísimo, y hoy en día se ara y siembra al mismo tiempo. La máquina abre el surco y ahí mismo arroja la semilla, que cae sobre una tierra “hambrienta” y empieza el proceso. Pero otra vez… hay un momento indicado y oportuno para hacerlo.
Hay un principio transversal en el evangelio, y es que en el reino de los cielos todo gira alrededor de la siembra y la cosecha. Por lo tanto, no estamos hablando solo de semillas de trigo o maíz o soja, alpiste o sorgo… sino de cualquier cosa que luego quieras cosechar. Pero cuando llegue el momento de tu cosecha… previamente tendrías que haber “trabajado la tierra”.
Dice la “regla de oro” que debemos hacer con los demás lo que queremos que los demás hagan con nosotros (Mateo 7:12). ¿Ves? Siembra y cosecha. Dando vuelta la idea y yendo a lo que nos importa: si querés que alguien actúe con vos de determinada manera, previamente tenés que actuar vos así con esa persona.
¿Querés ser respetado? Respetá.
¿Querés ser reconocido? Reconocé.
¿Querés ser amado? Amá.
¿Querés ser valorado? Valorá.
Ya dijo también Jesús que “los misericordiosos recibirán misericordia” (Mateo 5:7). O sea que, para recibir misericordia ante tus errores o fracasos, deberías previamente tener misericordia ante los errores y fracasos de los demás. También dijo Jesús, ya que estamos, que “con la medida que medís, serás medido” (Mateo 7:2). Siembra y cosecha.
Pero no quiero hablar tampoco de siembra y cosecha, sino de hacer lo que hay que hacer, en el momento en que tenés que hacerlo, ni antes ni después, para poder obtener el resultado esperado ante eso que hiciste (me enredé con tantas palabras).
¿Por qué nuestro protagonista no aró en la temporada correspondiente?
Opción 1: porque no sabía que había una temporada señalada para hacerlo.
Opción 2: por vago.
¡And the winner is…! Y la respuesta correcta es la opción 2. Dice Proverbios: “Los que por pereza no aran…” (Proverbios 20:4a).
¡Cómo pretendés cosechar si no preparaste la tierra para la siembra!
¿De dónde te creés que salen los frutos?
¿Creés en el cuento de la generación espontánea?
Jesús también dijo que el sembrador no sabe cómo crece la planta, pero que después de la noche aparece (Marcos 4:26-29). Pero ese sembrador, aunque no entendiera el proceso, sembró.
No esperes cosechar lo que no sembraste (¡que no quería hablar de siembra y cosecha!).
Ok.
No esperes recibir lo que no diste, así como no podés dar lo que no recibís.
No pretendas ser tratado como vos creés que te merecés, sin haber tratado a los demás de esa manera.
El que busca encuentra, pero el que encuentra… buscó.
“Toda acción genera una reacción, con la misma intensidad y en sentido contrario”, dijo sobre esto don Newton. Lo que quieras recibir, hacé que te vuelva; lo que quieras que vuelva, dalo vos primero.
¿Cómo estás actuando?
¿Cómo te comportás con los demás?
¿Vivís frustrado esperando recibir… lo que no das?
¿Estás molesto, ofuscado, resentido porque no te valoran? Seguí sembrando (¡y dale!) molestia, ofuscamiento, resentimiento… que capaz, en una de esas, recibís otra cosa.
Es de tontos esperar resultados distintos haciendo las mismas cosas.
Actuá cuando tenés que hacerlo.
Da para poder recibir.
Enfocate en la meta que querés alcanzar.
Si querés resultados nuevos, empezá a actuar distinto. Hoy
