Formadores

La iglesia tiene un carácter formativo. Díganme lo que quieran, trátenme de bautista (como si fuera algo malo), y opinen lo que se les ocurra, pero la iglesia tiene un carácter formativo.

Llegar a Cristo, en sus palabras, es “nacer de nuevo” (Juan 3:3). Un nacimiento acarrea muchas, muchísimas responsabilidades.

Hay algunas especies animales, pocas por cierto, que abandonan sus crías al nacer: algunas serpientes, algunos peces, algunos insectos.
Pero no funciona así con los mamíferos.

Los mamíferos necesitan de sus madres y su manada. Nacen dependientes, no pueden alimentarse, pero muchos caminan apenas nacer.
¿Viste un ternero o un potrillo naciendo? Tiemblan unos minutos, pero empiezan a andar.
Los humanos no funcionamos así.
Creo que somos la única especie que, después de nacer, necesita seguir su desarrollo. Un bebé humano es una de las maravillas de la creación: genera amor, ternura, empatía, necesidad de abrazarlo y mimarlo (y morderlo).

Tenemos que pasar por un proceso en la alimentación: Pablo lo recuerda diciendo que los niños no pueden consumir alimento sólido y deben recibir leche (1 Corintios 3:2), y así es.

Primero leche, después papillas, después preparados… y así van (vamos) incorporando lo demás durante el primer año de vida.

¿Qué pasaría si un bebé queda abandonado a su suerte sin recibir su alimento?
¿Qué pasaría con un cristiano “nacido de nuevo” que no reciba su alimento?

Desapareció la Escuela Dominical, la Educación Cristiana y el discipulado.
Proliferan los congresos apostólicos, los rompimientos, los avivamientos.
Tenés que pagar fortunas para el viaje anual a la Meca… ah no, a Jerusalén… no, tampoco; al Vaticano… no no… a la casa central del ministerio apostólico y profético para recibir la unción del líder supremo…

¿Erramos el blanco? Creo que sí. El propósito de la iglesia es llevar a la gente a Dios por medio de Cristo (Juan 14:6), siendo guiados en medio de las pruebas (Éxodo 3:1), aprendiendo a sortear obstáculos, fortalecernos en ellos y crecer en la fe (Santiago 1:2-4).

Jesús iba de ciudad en ciudad enseñando acerca del Reino (Lucas 8:1). La iglesia de Hechos se reunía en las casas, proclamando las buenas noticias y edificando al creyente en los fundamentos de los apóstoles (Hechos 2:42; Hechos 5:42).

Ezequiel dijo que: “Los sacerdotes deberán enseñar a mi pueblo a distinguir entre lo santo y lo profano, y a discernir entre lo limpio y lo no limpio.” (Ezequiel 44:23)

La iglesia tiene un carácter formativo.

¿Estás siendo formado o entretenido?
¿Estás formando a otro o llenando de actividades?
¿Estás descubriendo los misterios del Reino o adulando a apóstoles?
¿Estás siendo edificado o solo sos “un ladrillo más en la pared”?

¿Estás reconociendo la diferencia entre lo que a Dios le agrada y lo que no?
¿Estás identificando qué cosas debés dejar y cuáles adoptar?
¿Estás atrayendo a los demás o los estás espantando?

La iglesia tiene un carácter formativo…

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