Transformado para Reinar.

Te iba a hablar de la transformación. Sabés que soy un convencido de que el evangelio es transformación. Recibir a Cristo es un evento metafísico sobrenatural que provoca una alteración en tu esencia natural y tu vida espiritual, convirtiéndote en algo aparentemente igual pero profunda y totalmente distinto a lo que eras. A quién eras…

Ser cristiano no es solo una mejora a tu condición de vida ni una versión actualizada de vos mismo, ser cristiano es una transformación que “remplaza” lo viejo por lo nuevo. Como dije tantas veces… “la mariposa no vuelve a ser gusano”.

Pero, siguiendo mi lectura, me encuentro con el clásico de Marcos Witt. ¡Seee! ¡Si habré cantado: “Somos pueblo, pueblo adquirido por Dios…”!

Y sin querer vuelvo a la transformación. Porque el versículo que sigue (que no está en la canción) dice: “Ustedes que no eran pueblo, ahora son pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10). De ser nadie a ser alguien, y no cualquier alguien, sino alguien con llamado, función y propósito.
¡Todo un cambio de vida!

1 Pedro 2:9 (obviamente sabías que hablaba de este) dice: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

“Sos” linaje escogido. No importa lo que fueras ni lo que eras. No importa lo que hicieras, salvo tu elección por Cristo, la que te cambió y evolucionó. Ya no sos lo que todos decían y algunos dicen. Hoy sos… linaje escogido de Dios.

Lo que también tiene una entrelínea. No sos un ser aislado e independiente; llegar a Cristo te convirtió en un factor de cambio generacional: a partir de vos todos serán bendecidos, trayendo el conocimiento de la promesa a Abraham (“y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:3).

Sos “real sacerdocio”: transformado para pertenecer a una casta superior (lamento si te ofende el término). Dios no hace diferencias y no hay cristiano superior a otro. Pero, como cristianos, estás en un nivel superior respecto del hombre natural.
Sos rey y sacerdote, el único, de un linaje de únicos, con acceso VIP a la presencia de Dios.

Sos “nación santa y pueblo adquirido”. Separado del resto, comprado por un alto precio (la sangre de Jesús), para ser diferente y hacer la diferencia y…
“…para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.
Con función y propósito: anunciar, proclamar, contar, publicitar lo que Dios hizo y es capaz de hacer.

¡Sos una maquinaria evangelística 2.0!

Por eso pienso, digo, me pregunto… ¿por qué te sentís menos?
¿Por qué te rebajás comparándote con otros?
¿Por qué añorás la vida vieja?

¿Por qué creés que no das la medida, la altura, o que Dios te descalificó?

Te dejo con Pablo: “El que está en Cristo… ¡es una nueva creación!” (2 Corintios 5:17).

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