Anoche, en mi “espacio de series”, vi una escena que me hace recordar muchos de los conflictos actuales (y viejos) del chisme mediático. El chisme es algo que está en nuestro corazón, como tantas otras cosas que pertenecen a la “vieja naturaleza”. La Biblia lo condena, lo rechaza. Pedro mismo hace referencia a no meternos en chismes (1 Pedro 4:15), sino dedicarnos a lo que es de edificación.
Está en nosotros. Es parte del morbo natural. Querer saber los secretos del otro, conocer la intimidad de los famosos, enterarnos de quién anda con quién y con quién fue infiel el otro. Esto genera una bola informativa que, muchas veces, es la fuente misma de la información falsa. Estoy viendo ahora, en el diario de hoy, que un grupo musical de los 90 presenta en un teatro un show reencuentro, un recital con sus viejas canciones, y digo… ¿entonces el tema policial de hace unos días atrás fue solo publicidad? Y… no sé…
Desde la época de la Revolución de Mayo, “la gente quiere saber de qué se trata”, y siempre hay quienes aprovechan la situación.
Así aparecieron los “paparazzi”, unos fotógrafos italianos especializados en el chisme, muy hábiles para desnudar los secretos de los famosos, tomar fotos o videos y venderlos al mejor postor.
Así aparecieron esas famosas imágenes de Lady Di con su novio del momento, el millonario árabe Dodi Al Fayed, mientras estaban de crucero en el barco de este. Esas fotos dieron la vuelta al mundo… solo porque nos gusta saber.
Un poco de morbo, como te dije, un poco de cholulismo, un poco de curiosidad y un poco de misticismo: conocer cómo viven aquellos que están tan lejos de nuestra posición social y que nos sería imposible alcanzar. Ver su vida es como… tenerlos más cerca… como meternos en su cocina, o su living, su piscina… o su dormitorio…
Todos quieren saber la verdad de la vida del otro y no solo lo que se le muestra armado. Es muy fácil posar para Instagram o aprender algunos truquitos de oratoria para presentarte en un video con el que puedas vender lo que sea… ¿pero qué pasaría si te vieran en la intimidad?
Claro que no me refiero a andar “en patas” o sin maquillaje, con los pelos revueltos y ropa de entrecasa, sino a tu comportamiento, tu forma de ser, tu “verdadera” forma de ser fuera de las luces y pantallas. ¿Qué pasaría si se conociera cómo te movés en tu círculo íntimo? Cómo tratás a tu familia, pareja, hijos o padres; empleados, si tenés, o lo que sea. ¿Mostraría eso lo mismo que las redes publican de vos?
Esto es ni más ni menos que lo que llamamos siempre “evangelismo silencioso”: que tus acciones hablen más que tus palabras, es más, que no se necesiten palabras, sino que tu forma de ser y de vivir sea un testimonio vivo de la obra de Dios en vos, que termine, como dice Mateo, que los que te miren “le den la gloria a Dios” (Mateo 5:16).
Dice Pedro: “La voluntad de Dios es que ustedes practiquen el bien, para que así hagan callar la ignorancia de la gente insensata.” (1 Pedro 2:15). Que nuestras acciones le tapen la boca a los que hablan por hablar y muestren quién realmente somos. Que nuestras palabras no se borren con el ruido de nuestros hechos; que nuestra intimidad muestre una vida transformada y no una vida “disfrazada”.
Sobre lo mismo continúa Pedro cuando habla de las esposas.
Era un contexto bastante complejo. Estamos hablando de una época donde el cristianismo ya era perseguido y los apóstoles y primeros creyentes se dedicaban a un evangelismo “boca a boca” y “casa por casa”, donde la primera receptora del mensaje sería la mujer de la casa, mientras atendía sus tareas domésticas o en el mercado cuando iba a comprar para cocinar.
Los esposos no solían estar en la casa: o estaban de viaje, o en el campo, o en la milicia, o en la cárcel. Solo un pequeño porcentaje tenía su oficio en casa.
Cuando llegaban a su casa después de mucho trabajo y llenos de problemas, se encontraban con una mujer que había escuchado hablar de Jesús y que, peor aún, ¡le abrió la puerta de su casa a los cristianos! Discusión a la orden del día.
¿Cómo compartir su fe? ¿Cómo expresar su gozo? ¿Cómo hablar de lo nuevo que estaban viviendo?
“Así también ustedes, las esposas, respeten a sus esposos, a fin de que los que no creen a la palabra puedan ser ganados más por la conducta de ustedes que por sus palabras…” (1 Pedro 3:1).
La conducta, las acciones, el testimonio, las pocas palabras y los hechos claros, la intimidad expuesta sin prejuicios ni tapujos ni secretos. Para que pudieran ver que había una alternativa distinta…
¿Qué diría un “paparazzi” de vos? (a mí que no me descubra).
¿Se sorprenderían los demás al conocer tu verdadero yo?
¿Qué dicen tus actos, tus hechos, tu comportamiento sobre lo que creés?
¿Está tu fe reflejada en tu vida y andar diario?
Redoblando la apuesta: si alguien te conoce sin saber quién sos, ¿diría que sos cristiano, que Cristo te salvó y que estás viviendo una vida abundante?
“Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16).

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