La historia de la metalurgia es la historia de las aleaciones. El manejo de los metales viene de tiempos tan antiguos que no existen registros… porque no existía dónde registrarlos.
Hasta que apareció la escritura y, casi al mismo tiempo (3300 a. C.), se descubre el bronce, seguramente por accidente o error, que se convirtió en la primera aleación de metales.
¿Cuál fue su importancia? Si tenés piezas de bronce en tu casa lo sabrás: un metal más duro, más duradero, menos corruptible y al mismo tiempo más “maleable” (que es más fácil de trabajar).
Desde herramientas agrícolas a armaduras y objetos domésticos, pasando obviamente por las armas, todo empezó a hacerse de bronce.
A partir de ahí aparecieron muchas otras aleaciones, siendo tal vez la más importante, igualando la importancia del bronce, el acero, esa combinación de hierro con carbón que se convirtió por mucho tiempo en el rey de los metales.
Salvando las distancias y la mala comparación, en las aleaciones se ve claramente el principio de sinergia: cómo dos elementos distintos, con sus atributos particulares cada uno, se potencian estando juntos. El bronce es mejor que el hierro y el estaño por separado, pero juntos forman este milagro. El acero es superior al hierro y al carbón separados, pero juntos es casi (casi) indestructible; hasta que apareció el níquel y, unido a ellos, nace el acero inoxidable y ahí sí, rey absoluto.
La Biblia menciona esta sinergia cuando dice, por ejemplo, que “uno hará huir a mil, y dos a diez mil” (Deuteronomio 32:30). Lo lógico sería uno a mil y dos a dos mil, pero no es así. Esa es la sinergia.
Dos personas trabajando juntas en una misma dirección hacia una misma meta son mucho mejores que cada una en forma independiente, porque cada una se potencia a sí misma. Dice Eclesiastés que “si uno cae, el otro lo levanta” (Eclesiastés 4:10), así como dice Pedro de la iglesia que “cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido” (1 Pedro 4:10).
¡Claro que la Biblia también menciona las aleaciones! ¿Sabías que nombra al bronce? ¡Ja! Dice que Tubal-caín, descendiente de Caín, era “artífice de toda obra de bronce y de hierro” (Génesis 4:22).
Pero también habla de otras que no eran tan eficientes como el bronce (¡el acero no existía, eh!).
Menciona una mezcla extraña de hierro y barro. ¿Qué podés hacer con hierro y barro? ¿Se pueden “pegar” el hierro y el barro? Lo único que me imagino es un enchastre, pero nada más que eso.
Pero en Daniel aparece la visión que tuvo Nabucodonosor (que tenía un tono profético a largo plazo, incluyendo distintas épocas históricas futuras):
“Y como los dedos de los pies eran en parte de hierro y en parte de barro cocido, ese reino será en parte fuerte, y en parte frágil.” (Daniel 2:42)
¡Ah! Interesante aclaración: el resultado era desparejo, mitad fuerte y mitad frágil.
Las aleaciones son buenas, pero no todas son buenas. Algunas parecen que están “pegadas con…” (ya sabés qué, ¿no?).
Como las relaciones, como las amistades, como las sociedades, como los vínculos que forjamos.
¿Cómo saber si una aleación es buena? Sencillo: mirá al bronce y al acero:
- No fue forzado ni buscado. (Todo apunta a que fue un accidente).
- Ligan tan bien que, cuando se mezclan, no se distinguen uno del otro. (proceso)
- Tanto se mezclan que es imposible separarlos y volver atrás. (unidad)
- Se potencian uno al otro, siendo mejor el resultado que cada uno de los integrantes. (sinergia)
- Da resultados: eficaces y eficientes. (fruto y productividad)
¿Está resultando así tu relación, amistad, sociedad, vínculo?
¿Te ves reflejado en esos 5 puntos?
¿En 4?
¿En 3…?
…
Mantener una —otra vez— relación, amistad, sociedad, vínculo, que no encaje en esta lista es solamente un camino al fracaso, la frustración o, peor aún: que uno se coma al otro, porque decía que era “…en parte fuerte, y en parte frágil”.
Ningún vínculo es neutro: o nos fortalece, o nos quiebra. Y así como un mal material arruina toda la aleación, una mala relación puede distorsionar nuestra vida entera.
Entonces, quizá la pregunta no es “¿con quién estoy?” sino “¿qué estoy formando con esta unión?”.
Si el resultado es frágil, tenso, forzado o desigual… no es una aleación: es un parche.
Y los parches tarde o temprano se rompen.
Elegí bien tus aleaciones.
Forjalas con propósito.
Que tu vida no termine mezclada con barro cuando fue diseñada para ser bronce… o acero… ¡o acero inoxidable!
