De Sirvientes a Empleados

Cuando llegamos a Cristo, cuando tomamos la decisión de comprometernos con Él —o sea, no que sea solo un cambio de “religión”, sino un cambio de vida—, sucede una transformación total: esa metamorfosis de la que hablamos días atrás, que cambia nuestra estructura espiritual, pasando de ser “seres naturales” a “seres espirituales”.

Después se suma la “naturaleza divina”, que completa la obra y nos presenta definitivamente como “hijos de Dios”, con un cambio de identidad y de destino, de linaje y de posición.

Pero lo que tal vez olvidamos, por la emoción, por un poco de falta de entendimiento, por aprender a caminar en una nueva vida, es que los hijos tienen sus responsabilidades.

¿No sabías? Papá, mamá… tus hijos tienen responsabilidades: sus tareas, sus estudios, su higiene… y en la casa también, colaborando con la limpieza, el cuidado y cualquier otra cosa que consideres apropiada.

Hijo… ¡tenés responsabilidades! No te hagas el tonto y date cuenta de que hay cosas que te corresponden y te están esperando.

¡Eso! ¡No te hagas el tonto! Sos hijo, y tenés responsabilidades. Es más, la Biblia dice que ahora somos “siervos” de Dios. ¿Sabés qué significa “siervo”? Servidor, sirviente… esclavo…
El hijo tiene derechos. El hijo tiene responsabilidades. El esclavo tiene obligaciones (y ningún derecho). El hijo tiene obligaciones.

Fuiste llamado para salvación. Fuiste convocado al linaje espiritual. Sos confrontado a la transformación. Fuiste llamado para servir, para proclamar, para anunciar (1 Pedro 2:9). Tenés una obligación y responsabilidad.

“Como a los que cuidan de la higuera se les permite comer del fruto, así serán recompensados los empleados que protegen los intereses de su patrón.” (Proverbios 27:18)

Tenés una obligación. Tenés una responsabilidad: “…proteger los intereses de tu patrón”. ¿Cuáles son? O primero: ¿quién es tu patrón?

Tenemos la responsabilidad de ocuparnos de la obra de Dios, de anunciar el evangelio y cuidar de aquellos que han sido salvados.
Tenemos la obligación de que nos importe lo que a Dios le importa; y si no te importa, que te importe.

¿Qué le importa a tu patrón?La gente. Su crecimiento. Su desarrollo. Su permanencia. Su fe. Su salvación.

Lo mejor del tema es que sos siervo, hijo y esclavo; tenés obligaciones y responsabilidades, pero tenés una ganancia. ¿Ves? Siempre siembra y cosecha.

“…así serán recompensados los empleados que protegen los intereses de su patrón.”

Hay recompensa.
Hay una recompensa espiritual.
Hay una recompensa material.
Hay plenitud.
Hay bendición.

¿Estás siendo suplido?
¿Te sentís, te ves, te ven bendecido?
¿Estás creciendo espiritualmente?

“…protegé los intereses de tu patrón.”

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