Entrenamiento

“El ejercicio físico es poco provechoso”, le dice Pablo a Timoteo, confrontando la tradición griega del culto al cuerpo como un medio de superación. (1 Timoteo 4:8)

Sacado de contexto es un grave error: sí es provechoso —y mucho—; mejora la condición de vida, previene problemas de salud, prepara para la competencia deportiva y, encima, resulta en un cuerpo más atractivo.

Pero en el contexto en que Pablo habla es correcto: no te gastes en entrenar el cuerpo si no le hacés caso al ejercicio espiritual.

El ejercicio sirve y el entrenamiento, en cualquier disciplina que sea, es importante —diría vital—.

Para cualquier profesión que tengas, necesitás entrenamiento.
Actualmente hay empresas que hacen pasantías con las universidades para ofrecer trabajo a los egresados o cercanos a egresar, que les sirva como experiencia de trabajo (que siempre te piden tener), como un entrenamiento.

Ya sea que trabajes en un call center o paseando perros, necesitás algún tipo de entrenamiento.

Pablo habla mucho del entrenamiento porque su audiencia convivía con la práctica; pero también Salomón tiene algo que decir:

“Querido jovencito, aprende a tomar buenas decisiones y piensa bien lo que haces.” (Proverbios 3:21)

Cuando tomamos decisiones, lo hacemos según nuestra estructura de valores y principios, que adquirimos primeramente en casa y después con la educación y los grupos de pertenencia. Viéndolo así, las decisiones que tomamos suelen ser una respuesta automática que depende de nuestra personalidad y de la formación que recibimos.

Pero parece que no es tan así…

Según lo que dice Proverbios podemos ¡y debemos! “aprender a tomar buenas decisiones”.

¿Cómo aprendemos?
Prueba y error.
Consejo.
Práctica.
Entrenamiento…

A veces por medio del fracaso, otras buscando mejorar, otras más mirando qué hacen los demás. Pero se puede aprender a tomar buenas decisiones.

Tal vez pensabas que no podías cambiar, o que no tenés solución; tal vez encima llegaste a creer que no das la medida, que vos no podés; peor aún, te dejaste convencer de que sos inferior, que nunca vas a llegar y que no te interesa mejorar.

Pero Salomón te enseña que se puede aprender, que podemos, que podés aprender a tomar buenas decisiones.

¿Qué tipo de decisiones tenés que tomar?
¿Qué criterio usás al tomarlas?
¿Tenés buenos resultados?
¿Ves fruto en tus decisiones?
¿O te seguís equivocando?
¿O te mantenés aferrado a tu vieja manera?

No importa lo que sea, ni lo que digan o te digan: “aprendé a tomar buenas decisiones y pensá bien lo que hacés.”

Dejar un comentario