Subjuntivos y Potenciales

Hoy es uno de esos días. Doblemente… es uno de esos días. Uno de esos en los que empiezo tarde a escribir porque ¡se me fue la mañana! y uno de esos en los que se me complica elegir un texto para “devocionar”.

No seas criticón… obviamente que lo que vale no es lo que yo elija, sino lo que Dios habla. ¡Y ahí está el problema! En cada texto que separé hoy, Dios me habló íntima y profundamente.

Podría encarar Proverbios 5:21: “Dios mira con mucha atención la conducta de todos nosotros”. Y decirte que, más allá de sentirte perseguido, Dios está pendiente de vos, no te dejó ni te deja solo, ni te abandonó a tu suerte.

Podría hablarte de Oseas 1:7: “Sin embargo, tendré misericordia de la casa de Judá, y los salvaré…” Y decirte que, aunque el pronóstico sea negativo, aunque no haya salida ni manera, aunque te hayas descuidado y desviado, aunque hayas dejado de ser fiel… “sin embargo… Dios te salvará”.
Definitivamente las cosas de Dios no se rigen por nuestros criterios ni se limitan a nuestra teología, sino que siguen la manera de Dios.

Podría hablarte de Oseas 1:10: “…allí donde se les dijo: ‘Ustedes no son mi pueblo’, se les dirá: ‘Ustedes son hijos del Dios de la vida’”.
Y decirte que no estás atado a ninguna condición ni a ningún juicio y que las palabras que se dijeron sobre vos, fuera de la voluntad de Dios, no condicionan ni limitan a Dios. Que realmente Dios es soberano, que hace las cosas que quiere y cómo y cuándo quiere.

También podría hablarte de Oseas 2:14: “…La llevaré al desierto, y allí me ganaré su corazón”.
Y decirte que no le temas a las pruebas ni le escapes a los desiertos, que son el lugar de trato de Dios para la restauración, y donde Dios te aísla para poder hablarte e intimar con vos.

Podría hablarte de 1 Juan 5:1: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios”.
Y decirte que la garantía de ser hijo no es la experiencia ni la capacidad ni los seminarios bíblicos. Tampoco el congregar, ofrendar y diezmar. Sino que la garantía es que creas que Jesús es el enviado por Dios con poder y autoridad para llevar tu vida a otro nivel y ponerte a las puertas de la salvación, librándote de la mentira del pecado y de las cadenas de la perdición (¡chan!).

Es cierto que también podría hablarte de 1 Juan 5:3: “Pues este es el amor a Dios: que obedezcamos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son difíciles de cumplir”.
Y decirte que no hay mérito ni sacrificio ni obra humana que sirva de algo delante de Dios, sino que el amor se demuestra en acción: hacer lo que te manda hacer y que, aunque te parezca difícil, es fácil, es simple, es sencillo obedecer a Dios (lo difícil es callar y entrenar tu mente).

¿Debería decirte que la clave de todo está en Jesús? Esa podría obviarla, porque si no, ni estaríamos charlando. Dice 1 Juan 5:12: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”.

¿O que el diablo no tiene ninguna autoridad y poder sobre tu vida? ¿Necesitás que te lo diga? ¿Es necesario que lo repita? Si sos hijo, si te comportás como hijo: “…Dios lo protege, y el maligno no lo toca”. (1 Juan 5:18)

Pero… siempre hay un pero… no te voy a hablar de nada de eso, sino del ignorado Salmo 124.

Sí, porque toda la fama la tienen el 23 y el 91. El 18 les sigue atrás. Tal vez el 24. El 37 un poco, el 40 más y el 121.
¿Pero alguna vez le dedicaste unos minutos al 124?

“Si el Señor no hubiera estado de nuestro lado” —arranca— “que lo reconozca el pueblo de Israel” (Salmos 124:1).
Empieza una serie de situaciones y eventos que habrían o podrían haber pasado solo por el hecho de que Dios no estuviera de tu lado…

¿Sos consciente de cuántas cosas Dios te libra, te guarda, te aleja? Prestamos atención a lo que nos pasa, ponemos el ojo en las carencias y lo negativo, pero no miramos lo que no se ve (otro ¡chan!).

¿Cuántas veces Dios te salvó y ni te enteraste?
¿Cuántas veces “mandó su ángel” y evitó una crisis? O un accidente, o un robo, o un encuentro desagradable…

“No hay que ser contrafáctico”, dirán algunos, y otros levantarán la bandera del “no podemos asegurar lo que habría pasado”. A los dos: sí. Pero las cosas de Dios no dependen de la vista, sino de la fe.

Me quedo otra vez con este renglón: “que lo reconozca Israel”.

Date cuenta de que Dios te mira, te cuida, te escucha, te salva y de tantas otras cosas de las que nunca te vas a enterar, pero Dios evitó que estuvieras ahí.

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