Prosperidad

Hay dos maneras de leer la Biblia: leerla como un libro de historia, relatos de vida, algo de metáfora y algo de fantasía, o, como lo que realmente es, la palabra de Dios.

Si, como cristianos, entendemos que la segunda es la forma correcta, entendemos entonces que todo lo que la Biblia dice es, en conjunto, palabra de Dios.

Para ser más “exactos”, lo correcto es decir que la Biblia es “la palabra inspirada de Dios”, como le dice Pablo a Timoteo en 3:16 de la segunda carta: “toda la escritura es inspirada por Dios y útil para… bla bla bla”.

Inspiración significa que el autor tuvo la “compulsión” conciente o no de escribir tal y cual palabras y no otras, con el propósito de dejar un testimonio y dar instrucciones doctrinales a las iglesias y las siguientes generaciones.

Entonces, tengo que aceptar que todo lo que está escrito tiene un propósito para mi edificación aunque algunas cosas sean solo datos al pasar que no tengan mucho valor doctrinal o espiritual.

Por ejemplo cuando Pablo pide que le traigan la capa que se olvidó (2 Timoteo 4:13) ¿está hablando de una cobertura descuidada? ¿Me está sugiriendo que Pablo no cuidaba su salvación? ¡No! Dice que Pablo, por estrés tal vez, cansancio o vejez, se olvidó una capa en la casa de alguien y ahora estaba teniendo frío.
(Aunque podría aplicar la historia para hablarte de cobertura, identidad y salvación).

Pero al mismo tiempo, cuando Salomón le escribe a su hijo, tomamos esas palabras como enseñanzas de Dios para nosotros (Proverbios).

Cuando Pablo le escribe a los Corintios o a los Efesios o a los Galatas o a los Romanos o a los Tesalonicenses o a los Colosenses o a los Filipenses, cartas de instrucción sobre la vida y desarrollo de la iglesia, entendemos que Dios nos está dando pautas de comportamiento cristiano.

Así que, cuando Juan le habla a un fulano llamado Gayo, sobre cuestiones personales, le está hablando de su vida, pero entendemos que Dios nos está hablando. O por lo menos, me habla a mi (si vos no lo querés).

“Amado” le dice a este Gayo, “deseo que seas prosperado en todo, y que tengas salud, a la vez que tu alma prospera.” (3 Juan 1:2)

Es un saludo, una bendición, una expresión de deseo tal vez, pero que muestra el corazón de Dios.
“Toda la escritura es inspirada por Dios”, ¿Ok?

Pablo le desea a Gayo, Dios te desea a vos, “que seas prosperado en todas las cosas”.
No, no, no predico el
seudo evangelio de la prosperidad, pero en el evangelio hay prosperidad.

Prosperidad:
Que seas bienaventurado.
Prosperidad:
Que tengas vida abundante.
Prosperidad:
Que recibas lo que pedis.
Prosperidad:
Que alcances el fin que esperás.
Prosperidad:
Que empieces a vivir de otra manera.

Claro… pero… sabés que nunca falta el pero…
“…a la vez que tu alma prospera.”

No pretendas alcanzar prosperidad si tu alma no es transformada, si no sujetás tus emociones, si no frenás tus sentimientos, si no cambia tu manera de pensar.

Tal vez todavia necesitemos cambiar esa manera de ver y pensar acerca de Dios.
Tal vez sea el momento de que aceptes que Dios quiere que te vaya bien.
Tal vez tendrías que empezar a pensar con visión de reino y no visión humana o carnal.

Hay dos maneras de leer y relacionarte con la Biblia, vos elegirás según tu criterio, pero Dios quiere… que seas prosperado.

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