La canción de Don Moen decía: “¡Y diga el débil fuerte soy, diga el pobre rico soy…!” en alusión a la versión tradicional de Joel 3:10. Cuando leés esto sin entendimiento o con un corazón no transformado, pareciera ser que estás generando un mantra, autoconvencimiento, autohipnosis o sugestión. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice el refrán, y se asemeja mucho a esto.
La versión que estoy leyendo en forma general este año, la RVC, lo dice con otras palabras… y te digo que, aunque rompe la poesía, me gusta más: “¡Tomen sus azadones y sus hoces, y con ese metal hagan espadas y lanzas! ¡Que saque el débil fuerza de flaqueza!” (Joel 3:10 RVC).
“¡Que saque el débil fuerza de flaqueza!” Sí, es por acá.
El pensamiento derrotista siempre tiende a enfocarse en las limitaciones, con la excusa de que es realista, cuando la Biblia nos dice lo contrario: no es por vista, es por fe.
¿Te acordás la historia de Jacob? El suegro hizo un acuerdo con él: que todo el ganado que tuviera rayas o manchas le pertenecía a Jacob, pero el ganado sin manchas o rayas le pertenecía a él, al suegro. ¿Qué hizo este suegro? Escondió todos los animales con manchas o rayas para que no pudieran reproducirse, y le dejó solo los animales lisos. Así, todas las crías se sumaban al ganado de Labán. (Génesis 30:25-36)
¿Pero qué hizo Dios? “…durante la época en que los animales estaban en celo, tuve un sueño. En ese sueño veía que los chivos que cubrían a las cabras eran rayados, manchados o moteados.” (Génesis 31:10)
Las cosas de Dios no dependen de la realidad ni de la vista (2 Corintios 5:7); las cosas de Dios dependen de la visión y de la fe.
No es una simple cuestión de repetir palabras como lorito borracho, como pretende Don Gossett en “Lo que dices recibes”, sino en reconocer que “al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23).
No se trata de hacer “vanas repeticiones” (Mateo 6:7), sino de reconocer que, aun en la carencia, hay abundancia.
¡Que te lo diga Isaías! Cuando Dios le dice: “multiplico las fuerzas del que no tiene” (Isaías 40:29).
¿O por qué Salomón escribió: “En el barbecho de los pobres hay mucho pan…” (Proverbios 13:23)?
Preguntale a la viuda de Sarepta si no es así, o al muchachito que solo tenía 5 panes y dos peces (1 Reyes 17:8-16; Juan 6:9-13).
El evangelio es una experiencia sobrenatural transformadora. “Sobrenatural” y transformadora.
Es una experiencia de vida “por encima de lo natural” que, por lo tanto, no se rige con principios naturales sino “sobrenaturales” o espirituales.
El evangelio tiene su propia matemática, geometría y física que no se rigen por Euclides o Pitágoras, sino por la fe y la Palabra de Dios, donde 2+2 no siempre es cuatro; a veces es tres y a veces es cinco.
En el evangelio la muerte no tiene la última palabra y tu condición actual no define tu posición futura; pero tu decisión actual determina tu futuro.
Jesús dijo: “Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre…” (Apocalipsis 1:18).
Tu estado actual no define tu estado futuro, sino que, incluso en eso, Hageo dice que “la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera…” (Hageo 2:9), o la vieja declaración de Job: “aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande” (Job 8:7).
Esto te demuestra que es un principio espiritual, y siendo un principio espiritual se cumple en todo tiempo y en todo lugar. El condicional es permanecer. El condicional es reconocer quién tiene la fuerza, el poder y la autoridad. El condicional es no bajar los brazos ni dejarte arrastrar por la aparente realidad.
¿Tapaste los espejos de tu casa para no ver tu condición?
¿Te da vergüenza mirar dónde caíste o dónde estás hoy?
¿Te acostumbraste a la mediocridad, el conflicto o la necesidad?
¿Pusiste en un altar tus limitaciones, convirtiéndolas en un dios?
Dios le dijo a Gedeón: “¡Andá con las fuerzas que tenés!” (Jueces 6:14), aunque sean pocas o sean ninguna, porque la clave está en “…sacar fuerza de flaqueza”.
Así como los pozos tapados volvieron a dar agua (Génesis 26:18), tu vida sigue siendo una fuente de la cual fluye el agua de vida que Dios puso en tu interior.
No mires tu limitación.
No mires tu poca fuerza.
No mires tus fracasos.
No mires tu caída.
No te enfoques en lo que no podés revertir, sino en quien puede cambiar tu condición y llevarte a una nueva posición.
¡Diga el débil: Fuerte soy!
Que saque el débil fuerza de flaqueza…
