Me gusta imaginarme el día de la creación como un evento caótico. ¡Ojo! No fue así, sino todo lo contrario: Dios vino a ordenar el caos, pero teniendo en cuenta todo lo sucedido… mi mente vuela a imaginar un caos.
¿Por qué? ¿Te imaginás lo que habrá sido el crujir de la tierra al formarse las montañas? ¿O el estruendo al llenarse los mares? ¿El silencio quebrado al aparecer aves y animales?
Ni que hablar de la formación de la luna (y de la misma tierra). ¿Vos creés que ¡zas!, apareció? No sé si se habrá escuchado, pero seguro que fue impactante.
Al mismo tiempo, me imagino los árboles creciendo en altura y extendiéndose el follaje al ritmo de Las cuatro estaciones de Vivaldi (¡ya sé que no había nacido!). Una armonía envolvente…
Es que ya lo dice el salmo: “Dios viene, pero no en silencio” (Salmo 50:3). Aunque a veces… hace silencio…
Apocalipsis está relatando la secuencia de juicio sobre la tierra. Ya se empezaron a abrir los sellos, esos lacres que mantenían un pergamino enrollado y servían como garantía de no ser violado.
Solo Jesús tenía la autoridad de romperlos (Apocalipsis 5:1–5) y así dar inicio al fin de los tiempos.
Y cuando abre el último sello… “…hubo silencio en el cielo durante como media hora.” (Apocalipsis 8:1)
Hacer silencio puede tener muchos motivos: recién se durmió el bebé, mamá se acostó a dormir la siesta, estás visitando a alguien en el hospital y te encontrás con la famosa morocha con el dedo en sus labios, podés estar dando un final o en la mesa de los Campanelli, donde no se podía “escuchar el ‘volido’ (SIC) de una mosca”.
También puede ser a causa del trabajo. La concentración y el enfoque te invitan a hacer silencio, y Dany Berríos dice que “cuando Él (Dios) se encuentra en silencio es porque está trabajando”. O como en el caso que nos toca… ¡porque se venía la de San Quintín y a cantarle las cuarenta “al mundo y a los que en él habitan”!
Dice Apocalipsis 8:5, tan solo unos versos después, y al terminar esa “media hora de silencio”:
“El ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar, y ese fuego lo arrojó a la tierra. Hubo entonces truenos, voces, relámpagos y un terremoto.”
Definitivamente, cuando Dios se mueve, cuando Dios viene, no lo hace en silencio…
Tal vez estés en una etapa en la que todo parezca un caos.
Tal vez te encuentres en un momento en el que Dios no se hace escuchar.
Tal vez estés en medio de un silencio sepulcral, como cuando el ojo del huracán se posa en un lugar y todo enmudeció.
Tal vez… tal vez…
Sea cual sea, Dios está trabajando y preparando su entrada triunfal.
¡Ojo! ¡Cuidado! Que cuando aparece no solo se termina el silencio, sino que arrasa con todo lo que no está firme en su lugar.
¿Te acordás de Elías? Reconoció a Dios cuando todo se calmó (1 Reyes 19:11–13).
No te asustes por los silencios.
No pienses que Dios te abandonó.
No te dejes cautivar por las grandes manifestaciones.
Esperá que Dios avance, dejalo actuar: Él ya viene… “y no en silencio”.
