No siempre lo vemos de esa manera, pero Dios es un buen armador. Así se llama en algunos deportes a quienes “arman” el equipo optimizando el rendimiento.
Lo ves a un capitán en el fútbol, o en un scrum de rugby. Lo mismo podés ver en el mundo empresarial y también en la política: personas que reconocen habilidades, las potencian poniéndolas en función y sacan un excelente resultado.
Por el contrario, quienes pretenden rodearse solo de quienes piensan igual, o aceptan todo lo que se les dice, terminan en el fracaso.
Dios es un armador, un buen armador. Hay una historia en Éxodo que nos muestra esta forma de Dios, cuando Moisés tenía que organizar el trabajo de construcción del tabernáculo. Dios le da las instrucciones y le dice: “yo capacité a tal y tal para que sean entendidos en los rubros que necesitás” (paráfrasis propia de Éxodo 31:1–6).
Simplificando el hecho, Dios puso en algunas personas la habilidad para realizar determinada tarea, que Dios mismo iba a necesitar y utilizar para levantar el proto-templo donde la gente lo iba a adorar. Una visión cíclica donde, en definitiva, Dios hace todo para sí.
¿No dijo acaso que “se proveerá cordero”? (Génesis 22:8). Dios no le estaba proveyendo a Abraham lo que a él le faltaba, sino que Dios estaba proveyendo el animal para que le sea ofrecido en sacrificio. (¡Ojo cuando vuelvas a declarar “Dios proveerá”!)
¿No dijo también que “este pueblo que he creado, lo he creado para mí y para que publique mis alabanzas”? (paráfrasis de Isaías 43:21)
¿No dijo también “pueblo adquirido por Dios para que anuncien las virtudes… de Dios”? (paráfrasis de 1 Pedro 2:9)
¿No dice incluso que “Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo”? (Proverbios 16:4)
Dios es un buen armador, que prepara su equipo para una tarea: hacer la obra de Dios, dar a conocer el evangelio, clamar por la manifestación del Reino y manifestar su gloria y su poder.
En definitiva, visiones distorsionadas del evangelio, como la moda de la prosperidad, ponían al hombre, al cristiano, en el centro de toda la ecuación, haciendo que Dios gire en torno al hombre. ¡Ptolomeo un poroto!, poniendo a la tierra como el centro del universo y que todo gire a su alrededor. ¡Menos mal que Galileo salió a refutar! (aunque casi le cuesta la vida).
Dios es un buen armador y Él tiene planes con tu vida. Recuerdo esa noche cuando Dios me dijo, por medio de una canción: “todavía tengo planes para ti”. Lo recibí de parte de Él cuando me sentía quebrado, frustrado y fracasado. Pero Dios es un buen armador.
Siendo ese buen armador y siendo Dios, ¿vos creés que se equivoca?, ¿que erra en quién pone el ojo?, ¿que se guía por emociones o favoritismos?, ¿que te convoca “para hacerte sentir bien”? A todo no.
Dios puso algo en vos que Él necesita, para que vos hagas lo que Él te manda hacer (acá aparecen dones y unción), porque todavía tiene planes con vos.
“Yo sé los planes que tengo para ustedes”, dice Jeremías 29:11. Dios tiene un plan con tu vida.
“Dios es el que pone en cada uno el querer como el hacer” (Filipenses 2:13). Dios tiene un plan con tu vida.
“Dios preparó de antemano buenas obras para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10). Dios tiene un plan con tu vida.
Por eso es bueno, siempre es bueno recordar que:
“Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes; tu misericordia, Señor, permanece para siempre…” (Salmos 138:8)
¡No depende de mí! Depende de Dios. Aunque depende de mí para que dependa de Dios…
Depende de mí, pero no depende de mí.
Depende de mí que me ponga en sus manos.
Depende de mí que esté dispuesto.
Depende de mí que me deje tratar por Él.
Depende de mí que acepte su voluntad.
Depende de mí para que dependa de Él.
¿Fallaste, te equivocaste, te corriste del propósito?
¿Fracasaste, te sentís rechazado o desplazado?
¿Perdiste tiempo y te das cuenta de que no se recupera?
¿Te sentís cansado, agobiado, sin fuerzas para volver a empezar?
“Su misericordia permanece para siempre…
“Dios cumplirá en vos sus planes”.
